Con
fecha 9 de Marzo de 2004, se recibió una llamada en el Teléfono del Niño de
PRODENI, de una vecina de Málaga capital que advertía que por segunda vez tenía
acogida en su casa a una niña de 11 años, hija de una mujer dedicada a la
prostitución, y de un hombre enfermo alcohólico, ingresado de gravedad en el
Hospital Clínico. La niña sufría abandono de ambos padres.
Dijo
la comunicante que la niña se la había traído a la casa un hijo que trabajaba
como camarero, porque éste llevaba días observándola en la calle, por la
acera, o entrando en el bar, mientras la madre ejercía la prostitución por la
zona, y porque al hablar con ella supo que llevaba así días y que no iba al
colegio desde Octubre. Y, que por lo mismo, se le ocurrió llevarla a su casa
con el consentimiento de la madre de la niña, que aceptó que la tuvieran
acogida hasta que fuera a buscarla para irse a Torremolinos, lugar donde pensaba
residir.
Transcurridos
unos veinte días bajo las condiciones descritas, la madre la recogió, y al
cabo de otros diez o doce recibieron una llamada de la menor pidiendo que por
favor fueran a por ella porque su madre la dejaba sola en el apartamento, y a
veces estaba varios días sin aparecer, y que no quería seguir con su madre.
Según les dijo, seguía sin escolarizar.
La
comunicante pedía que hiciéramos gestiones para que se
la llevasen a un centro de acogida porque la niña no quería volver con
su madre. Tampoco podían seguir cuidándola porque la persona a su cargo era
una señora de más de 80 años y enferma, con un marido en parecidas
circunstancias.
Con
la información suministrada, desde PRODENI remitimos por fax a primera hora de
la mañana del día 10 de Marzo escritos a la Delegación de Asuntos Sociales y
a la Fiscalía, para que la entidad pública se hiciese cargo de la menor. Pero
cerca del mediodía recibimos una llamada urgente de la misma comunicante,
advirtiendo que la madre de la niña se había enterado de algo, y había
llamado hacía un rato anunciando que sobre las 17,30 horas vendría a recoger a
su hija para llevársela. Nos pidió, por favor que avisásemos a alguien para
que la viniese a recoger porque la niña lo estaba pasando muy mal, al no querer
irse con su madre.
En
virtud de lo escuchado pedimos hablar con la niña por teléfono para confirmar
lo expuesto y comprobar el estado emocional de la misma. Con voz entrecortada y
a veces gimiendo nos confirmó lo apuntado por el miembro de la familia
acogedora, insistiendo en que no deseaba volver con su madre, que quería ir a
un colegio, tener amigas... reprochando a su madre que la dejara sola y se fuera
por ahí.
A
lo largo de la conversación tratamos de animarla, le explicamos sus derechos y
le dijimos que íbamos a hacer lo posible porque el Servicio de Menores la
recogiera antes de que se la llevara su madre, pero que si su madre llegaba
antes, le advirtiera que había denunciado su situación y que deseaba que la
ayudara la Junta de Andalucía y que se esperara hasta que llegaran unas
personas que se iban a hacer cargo de ella.
Sobre
las 14,25 horas nos pusimos en contacto con el Grupo de Menores de la Policía
Autonómica, pidiéndoles su intervención, para evitar que la madre se la
llevara con ella a una dirección desconocida.
En
el Grupo de Menores nos dijeron que no podían intervenir, que para hacer un
servicio así tendría que venirles derivado del Servicio de Protección de
Menores. No perdimos más tiempo, de inmediato nos dirigimos a este servicio.
Sobre
las 14,30 contactamos con el Servicio de Protección de Menores y el profesional
que nos atendió nos dijo que ya tenía en su poder el escrito remitido por
PRODENI, dejando claro que el Servicio de Protección de Menores no iba a
derivar petición alguna al Grupo de Menores de la Policía Autonómica, ni
ellos se iban a ocupar de inmediato del caso, tal como nosotros pedíamos. Por
dos razones fundamentales, una porque no estaban dispuestos a ir a las bravas a
recoger a la menor, que ello requería estudios previos; y otra, porque iban a
dar ya las tres de la tarde y cerraban la oficina hasta el día siguiente a las
9 de la mañana. Pero ante nuestra insistencia, después de decirnos que
“casos como este se dan todos los días”, nos derivó al Juzgado de Guardia
o al Fiscal del Menor de guardia, apuntando que cualquier medida de protección
que estos resolviesen a partir de las 3 de la tarde, Asuntos Sociales lo asumiría
y estudiaría a la mañana siguiente. Tampoco quiso llamar por teléfono a la niña,
como se lo habíamos pedido.
A
las 3 de la tarde de dicho día nos encontramos con que, por las razones
apuntadas, ni la Policía Autonómica, ni el Servicio de Protección de Menores
habían optado por intervenir. Entonces llamamos al teléfono de emergencia
(112), y pedimos su colaboración con el mismo objetivo, todo para evitar que se
la llevase su madre y fuese luego más difícil la localización. Nos parecía
que si una niña lanzaba un SOS, reclamando amparo, como aquí sucedía, había
que atender de inmediato esa demanda en previsión del riesgo que pudiera
correr.
Del
112 nos llamaron más tarde desde Málaga, para decirnos que se habían dirigido
al Grupo de Menores de la Policía Autonómica, y que un responsable de este
Grupo les respondió que ya habían hablado antes con PRODENI y explicado que no
podían actuar.
En
vistas de que quedaba cerrada toda posibilidad de intervención de los servicios
competentes de la Comunidad Autónoma, llamamos a la Policía Nacional sobre las
16,30 horas, y en cuestión de minutos se acercaron dos agentes a los que
informamos del caso y de las fallidas gestiones precedentes. Estos agentes se
pusieron en contacto con un superior y poco tiempo después vino a nuestro
encuentro el Jefe de Servicio de la Policía Nacional, quien se interesó por lo
que le exponíamos, y dispuso, tras varias llamadas internas, dirigirse
personalmente con una unidad al domicilio donde la niña se encontraba, pues, a
todo esto, había llegado la madre, quedándose a la espera en el piso, porque
la menor le había dicho que no se iba con ella, que un hombre le había
explicado sus derechos, y que la iban a ayudar. Previamente, el citado Policía
Nacional, había hablado telefónicamente con la niña.
Sobre
las 10 de la noche, recibimos una llamada del Jefe de Servicio de la Policía
Nacional, dándonos cuenta de su gestión, que consistió en hablar con la niña
y con la madre, allí presente, y que ésta había aceptado lo que su hija
deseaba, con lo que se facilitaba mucho la solución, siendo citadas ambas al día
siguiente en el Servicio de Protección de Menores. La niña se quedaba esa
noche a dormir en el domicilio de acogida.
Estuvimos
hablando de nuevo con ella por teléfono. Nos dijo que estaba muy contenta. Nos
dio las gracias e insistió en su deseo de ir al colegio y tener amigas.
Quedamos en que si había algún problema, es decir, que no se cumpliese su
deseo de ser amparada por la Junta de Andalucía, nos llamase al Teléfono del
Niño para seguir ayudándola.
Finalmente,
con fecha de 17 de Marzo 2004, y firmado por el Jefe de Servicio de Protección
de Menores, recibimos un oficio en el que se nos informaba que la Delegación
Provincial de Asuntos Sociales había declarado provisionalmente el desamparo de
la niña con fecha 11 de Marzo de 2004 y que, la misma, estaba en un determinado
centro de acogida, dándonos también la dirección.
Un
ejemplo de eficacia.
Una
obligada observación: La buena disposición, entrega y eficacia de la Policía
Nacional (un cuerpo del Estado), en comparación con la que obtuvimos de la
Policía Autonómica y del Servicio de Protección de Menores.
El
socorrido recurso al tópico “casos como éste se dan todos los días” puede
servir para explicar la incapacidad de respuesta de un determinado funcionario o
departamento a determinadas situaciones de emergencia, quizá por falta de
recursos, o por sobresaturación de expedientes, pero no podemos admitir que
sirva para justificar demoras porque ya se esté “curado de espanto”, o
viviendo en comodidad en la lentitud de los procedimientos.
La
intervención de desamparo y protección que se llevó a efecto al día
siguiente de que la niña pidiera ayuda, fue posible por nuestra cabezonería al
no aceptar que
el condicionante “casos como estos ocurren todos los días” nos
determinara y frenara. Si nos hubiéramos
dejado vencer por los elementos aludidos, desde luego, al día siguiente esta niña
no estaría protegida por la Junta, y no sabemos cuanto más tardaría aún en
producirse el desamparo, ni los momentos de soledad
y abandono que todavía le habrían tocado de seguir sufriendo.