NIÑO DE PUERTO REAL. CÁDIZ

En Diciembre de 2003 acude a PRODENI la familia paterna de un menor de 16 años, en solicitud de ayuda, pues desde hace tres años han perdido la custodia del mismo, desamparado y tutelado por la Junta de Andalucía en el 2001, a raíz de que se hubiera detectado en una exploración al menor posibles abusos sexuales, y se achacara responsabilidad a la abuela paterna y dos de sus tíos, con los cuales convivía desde muy pequeño, por la toxicomanía de sus padres, de los cuales el padre había fallecido poco tiempo antes de ser el menor desamparado, y la madre se había desentendido totalmente continuando la misma vida.

La familia  nos pedía que hiciésemos gestiones a favor de que el menor pudiese pasar algunos días de las vacaciones de Navidad en casa de la abuela, y para que la Delegación Provincial de Asuntos Sociales de la Junta en Cádiz accediera a valorar el regreso definitivo del menor a su casa (el hogar de la abuela).

Pudimos comprobar, una vez estudiado el caso, que las diligencias judiciales abiertas se habían archivado en Marzo de 2003, al no quedar acreditada la perpetración del delito de abusos sexuales. No obstante la situación del desamparo continuaba vigente y el menor se encontraba en un centro en la ciudad de Málaga, camino de cumplir los 17 años, al parecer, en contra de su voluntad, y sufriendo mucho.

Nos informó la familia que el 28 de Febrero de 2001 el menor sufrió un accidente al caerse de un árbol sufriendo traumatismo renal del que tuvo que ser operado hasta tres veces. Y dicen que cuando lo exploraron en el hospital a un médico le pareció que pudo haber sufrido abusos sexuales al detectarle una dilatación anal. Más tarde una médico forense señaló en un informe que, según lo explorado, el menor “haya podido ser víctima de algún tipo de abuso sexual.” 

Dice la familia que de inmediato se tomaron drásticas medidas sobre ellos prohibiéndoles visitarlo en el hospital, lo que fue tan duro de sobrellevar para el menor que el mismo Director tuvo que dulcificar la medida autorizando visitas de media hora de la abuela para darle de comer y de cenar, eso sí, estrechamente vigilada.

Y relatan también que sobre el menor cayó bajo una presión insostenible de preguntas, interrogatorios... con el afán de que dijera quien había sido, preguntándole todo el mundo, dándose la circunstancia de que fuera de sí, un médico llegó a cogerlo por el cuello y zarandearlo para que se lo dijera. Y dicen que, desesperado e impotente, negó que alguien le hubiera hecho algo, a pesar de lo cual se le siguió privando de las visitas de su familia, a excepción de la de su madre biológica que le vino impuesta y a la que siempre rechazó porque ella nunca lo había querido.

Pero lo que nunca olvidarán es como se lo llevaron del hospital cuando le dieron el alta, sin dejarlo despedirse de la abuela, sin entender nada. Y como una de las responsables del Servicio de Protección de Menores les dijo que en dos años no lo volverían a ver y que si se demostraban los abusos sexuales lo perderían para siempre.

Durante los dos primeros meses de internamiento en Málaga estuvo incomunicado, solamente le permitían contactos con su madre, que le hizo protestar negándose a salir a verla. Y cuando la familia pudo verlo, por fin, estaba completamente sedado, desmejorado, perdido allí como si hubiera salido de un zulo. 

Según nos explicó la familia, la Delegación Provincial de Asuntos Sociales solamente consintió un tiempo de acogimiento familiar con una tía paterna entre Abril y Septiembre de 2003, después que se hubieran archivado las diligencias. Acogimiento que fracasó porque las condiciones exigían que el menor no permaneciera en la casa de la abuela, que las visitas que se produjeran a dicha casa durasen un máximo de una hora y que, en ningún momento se le dejase a solas con la abuela o con los tíos, pues continuaban bajo la sospecha de haber sido abusadores ellos y consentidora y encubridora ella, aunque ya se habían archivado las diligencias judiciales.

Tales condiciones fueron rechazadas por el menor, que al verse sometido a esa rígida imposición por su propia tía, que accedía a imponerlas por miedo a la Delegación, entró en una fase de conflictos, decidiendo la Entidad Pública su devolución al centro de menores de Málaga.

Con fecha 22 de Diciembre enviamos escritos por fax a la Delegación Provincial de la Consejería de Asuntos Sociales de Cádiz, al Fiscal del Menor y al Defensor del Pueblo Andaluz, solicitando las dos peticiones que nos había hecho la familia. Aparte, compañeras de la asociación en el Puerto de Santa María se pusieron en contacto telefónico con la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz, intercediendo por el menor.

De los escritos referidos no se obtuvo respuesta y el menor tuvo que pasar todas las fiestas navideñas en el centro de acogida de Málaga, lo que causó gran contrariedad a la familia, y, según nos informaron, al propio menor.

Más adelante tuvimos conocimiento de que a mediados de Enero un Equipo de la oficina del Defensor del Pueblo Andaluz había visitado al menor en el centro y se había interesado por su caso. No obstante nada varió, a excepción de que mejoró el trato del personal del centro a la abuela en las visitas a su nieto, de dos horas una vez al mes. Nos referimos con esto a que, según nos informó más adelante la abuela, el personal del centro era muy riguroso y estricto en el trato y en la medida, pues si se pasaba cinco minutos en el regreso del paseo con su nieto, se le recriminaba y advertía de posibles restricciones. Sin embargo, a raíz, como decimos, de la visita del Equipo del Defensor del Pueblo Andaluz, desapareció la reticencia y mejoró el trato.

En Marzo de 2004, aprovechando la visita mensual de la abuela a su nieto, un representante de PRODENI en Málaga tuvo la oportunidad de entrevistarse personalmente con ambos en los exteriores del centro, interesándose por el estado del menor y escuchando sus deseos. En la citada entrevista se sugirió al menor que la expresión de sus deseos la pusiese por escrito para enviarlo de inmediato a la Delegación Provincial de Asuntos Sociales de Cádiz. La abuela ya lo había hecho días atrás, también a sugerencia de PRODENI, a pesar de que la Delegación de Cádiz ya era conocedora tanto de lo que quería la abuela como de lo que quería el menor. Allí mismo, sentados a la mesa de una terraza de un bar, escribió el menor en un folio una carta a la Delegación, que ese mismo día se encargó PRODENI de remitirla por fax.

Soy A., tengo 16 años, estoy en el colegio... de Málaga y soy de Puerto Real. Pido a Asuntos Sociales de Cádiz que me dejen ir a vivir con mi abuela Dolores a Puerto real, pues no quiero seguir más en el colegio. Se lo dije a unos señores que vinieron a verme. Ya no aguanto más... A mi abuela sólo la dejan venir a visitarme una vez al mes y sólo por dos horas. Pido a Asuntos Sociales que me dejen irme ya a mi casa de Puerto Real. Por favor ayúdame. Málaga, 17 de Marzo de 2004.

Por su parte, PRODENI, seguía estudiando el caso, accediendo a la copia del expediente judicial que nos facilitó el abogado de la familia. Así, pudimos observar el informe del forense que dictaminó los posibles abusos sexuales, una sentencia firme de desamparo del menor a favor de la Entidad Pública y otros documentos.

La abuela y la tía solicitaron una entrevista con los Técnicos de la Delegación Provincial de Asuntos Sociales, y el día 2 de Abril, se celebró la misma, solicitando que el menor pudiese pasar unos días de la Semana Santa en Puerto Real. También se insistió en sacarlo del centro y que viviera con su abuela. A esto se les dijo que era algo que había que estudiar con mucho cuidado y que llevaría su tiempo, y a lo primero que era muy precipitado tramitar dicho permiso y que no podía ser. No obstante, abuela y tía trataron este asunto con la Psicóloga del centro de menores, y ésta, al parecer, intercedió ante Asuntos Sociales consiguiendo un permiso de tres días del menor en Puerto Real.

El día 9 de Abril, víspera de que el menor regresara al centro después de haber disfrutado a tope con sus amigos viendo procesiones, y de haberse abrazado y llorado con su familia, tras un fugaz reencuentro después de tres años (fue la primera vez en tres años que pernoctó en su casa), nos llamó desesperado porque tenía que regresar al centro y no quería dejar su casa. Dos horas más tarde nos volvió a llamar para decirnos que estaba más tranquilo y que había decidido volver porque tenía mucho miedo a que viniera la Policía o le pasara algo a su abuela. Más adelante supimos por la familia que la despedida había sido todo un drama, que entró llorando en el centro y que dijo que hicieran por él todo lo posible para sacarlo de allí.

Entonces, PRODENI,  elaboró un informe que dirigió a las autoridades de la Consejería, al Defensor del Pueblo Andaluz y al Parlamento Andaluz, decantándose de que no había habido abusos sexuales, de que se estaba cometiendo una enorme injusticia con este menor y su familia, y de que la Delegación Provincial de Asuntos Sociales estaba siendo inhumana y cruel.

El día 15 de Abril los medios de comunicación de Cádiz se hicieron eco de la denuncia de PRODENI, y el día 17, la Delegada salió al paso diciendo que todo era mentira, que SÍ había habido abusos sexuales porque lo decía un informe médico y que el desamparo se había producido por un cúmulo de circunstancias, no solamente por lo de los abusos. Asimismo, el comité de empresa de Asuntos Sociales y el Jefe de Servicio de Protección de Menores acusaron a PRODENI de llevar a cabo una política de descrédito contra los profesionales y la institución (¿?).

Como respuesta, PRODENI, emitió un nuevo informe reforzando y ampliando su argumentación contra lo dicho por la Delegada, pero no quiso responder las acusaciones del comité de empresa porque había aludido a cuestiones abstractas sobre honor y dignidad, y no a nuestra denuncia concreta.

Las razones de PRODENI, fruto del estudio realizado, se pueden resumir así:

1.     Imprecisión del informe forense sobre los posibles abusos, pues en el mismo no se dice que el menor “ha sido” víctima de algún tipo de abuso sexual, sino que “ha podido ser” víctima, al quedar expresado de este modo: “la exploración sugiere que haya podido ser algún tipo de abuso sexual”. ¿Y por qué no una malformación congénita, como algún médico nos ha apuntado?.

2.     Junto a ello, la circunstancia de que el menor siempre y en todo lugar ha negado reiteradamente haber sido abusado sexualmente, constando así en los informes psicológicos, incluida la pericial solicitada por el Juzgado.

3.     Evidencia de que el desamparo se produjo fundamentalmente por la circunstancia de los supuestos abusos sexuales y para alejarlo de una familia abusadora, y no por un cúmulo de hechos, como dijo la Delegada. Lo prueba el que nunca en ningún momento anterior a que surgiera lo de los abusos sexuales, se declaró por entidad alguna situación de riesgo de ningún tipo, porque se consideraba el apoyo familiar que recibía suficiente para ir saliendo del paso de los condicionantes de unos padres drogodependientes, uno de los cuales había fallecido pocos días antes de que cayera sobre él esta nueva desgracia.

Tres semanas después de que el menor gozara de su primer permiso, la Delegación de Cádiz, a petición de la abuela, concedió tres días para que pudiera asistir el 2 de Mayo a la primera comunión de una prima. Sin embargo, ahora, después de volver a disfrutar de la libertad y de su familia, en un reencuentro todavía más amplio, al verse reunidos todos en torno a una primera comunión, decidió el menor no regresar, firmemente seguro y dispuesto a arrostrar las consecuencias que se pudieran derivar. Entonces, le aconsejamos que formulara su decisión por escrito y que su familia lo remitiese por fax a la Delegación de Cádiz y al centro de menores, enviándonos copia a nosotros.

Así se hizo, remitiendo por nuestra parte escrito a la Administración solicitando comprensión para el menor y que se le dejara quedar en casa. También pusimos este hecho en conocimiento público un día después, alcanzando un importante eco social en la provincia.

La primera reacción se produjo desde el centro de menores, pues la Psicóloga muy contrariada indicó a la tía del menor que debía regresar de inmediato, que se iba a perjudicar, que la policía iba a ir a por él, que tenía que estar allí hasta que cumpliera los 18 años (cumple 17 este mes de Junio), y que la Junta de Andalucía no iba a conceder nunca el acogimiento en el hogar de la abuela.

La segunda reacción vino de la Delegación Provincial de Asuntos Sociales, que llamó a la tía pidiendo que abuela y tía fueran al día siguiente a una entrevista con la Delegada en Cádiz.

En la citada entrevista, el 5 de mayo, la Delegada comunicó a la abuela que su nieto se podía quedar en casa, que a partir de ese momento se le concedía un permiso o autorización de dos meses, y que mientras, el Equipo Técnico se encargaría de formalizar un acogimiento hasta que cumpliera los 18 años. Es decir, un giro completo de la postura mantenida hasta el momento en que el menor decidió romper la baraja y quedarse en su casa. Téngase en cuenta que sólo hacía unos días que la Delegada había mantenido en los medios de comunicación que los abusos sexuales habían existido y que estaba desamparado por muchas más cosas.

Nuestro querido amigo, el menor de Puerto de Real, vive ahora feliz con su familia tratando de recomponerse pues lo ha pasado muy mal. Hay que decir que mientras estuvo en el centro de menores siempre lo han mantenido sedado suministrándole unos antipsicóticos dos o tres veces al día. Curiosamente mientras estuvo los seis meses acogida con la tía (Abril – Septiembre 2003), ese tratamiento le fue suprimido en la Unidad de Salud Mental de la zona. Y ahora se está a lo mismo, porque seguramente, el menor, no necesitará tomar sedantes porque ya es feliz, porque ya no está sometido a imposición administrativa alguna.

Dice la familia que  ahora come como una lima, que ha engordado varios kilos, que tiene otro color, y que guardan las fotos de cuando llegó a la casa para que queden pruebas de cómo venía. También nos dicen que cada vez más está recordando cosas muy desagradables que le fueron sucediendo a lo largo de estos tres años. Les hemos aconsejado que escriba todo lo que recuerde porque le va a servir como terapia y para dejar constancia testimonial de su traumático pasado.

Y si el menor está feliz, no lo está menos su familia, quien además, gracias a la intervención de PRODENI ha visto restablecido su honor y dignidad. Nos dicen que la acusación de los abusos sexuales fue conocida por mucha gente en el barrio donde viven y que los tíos han tenido que soportar una gran presión, incluso en sus trabajos, quedando marcados todos durante estos años, pues aún cuando se había producido el archivo judicial, el mantenimiento del alejamiento del menor por la Entidad Pública hizo persistir entre vecinos y conocidos que algo había pasado. Dicen que ahora la gente se les acerca y que algunos les piden disculpas, y que notan un gran alivio pues ya se sienten mirados de otra manera. Su agradecimiento a PRODENI es, pues, profundo.

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