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Niña "Piedad", hoy he conseguido estar a tu lado

Cartas al Director

EL DÍA. TENERIFE

 5/dic/08 07:18

Edición impresa

Niña "Piedad", hoy he conseguido estar a tu lado


A veces quisiera parecerme a un niño y virtualmente lo consigo. Sentirme más cerca, como si fuéramos almas gemelas, nuestra dulce "Piedad"; y estar con ella mucho tiempo y poder mitigar esa soledad que yo entiendo y para ella debe de ser muy aburrida. Poder estar a su altura, ya que agacharme casi me cuesta un poco, por eso de los años? Tenerla frente a mí, a la misma altura nuestros ojos y sonreírle con todo el afecto y comprensión que pueda transmitir un niño. Y a la vez, verla sonreírme y dispuesta a jugar conmigo, sin que descubra que ya soy un viejo, un viejo de verdad. Un viejo sentimental que lleva dentro ese niño que le acompaña y que nadie ve ni comprende, un niño que sabe de la soledad, del silencio que fue interrumpido por las exigencias que los años obligan y le arrebataron todos sus párvulos sueños para cumplir con las formas y obligaciones de la vida. Crecer, luchar, vegetar y morir cuando me llegue la hora. Un niño travieso, también, que a veces se escapa de su encierro y busca su libertad en los nostálgicos sueños? Así hoy, he conseguido sin el menor esfuerzo, estar junto a "Piedad"; y podemos jugar, correr por los campos como si fuéramos jóvenes cervatillos buscando el peñasco más alto y desde arriba, mirando hacia donde ustedes están, poder verlos moverse en el mismo lugar de siempre, esperándonos.


Yo tengo un extraño sentido que me guía, que me dice hasta dónde debo llegar; mis vértigos son muy agudos y recojo mis pasos a tiempo para no adelantarme. Prefiero soñar. Que nadie advierta ni oiga mis pasos, prefiero estar solo y ser libre, sin que nadie pueda burlar mis sentimientos; poder convertirme, igual en un niño, que en un hermoso gigante con corazón de niño. Librar mis pensamientos, poseer voluntad propia y poder censurar las injusticias del hombre o de la mujer, poder desde mi silencio hablar con el Juez Divino, como si fuéramos amigos y rogarle por caridad, como si yo fuera el más triste de los hombres, que haga algo por "Piedad", mientras yo la entretengo con nuestros juegos infantiles, corriendo por el campo, buscando a lo lejos una ruta ilusionada. Hablar en las noches de Luna llena, con las estrellas del firmamento, ponerle un nombre familiar a cada una de ellas. Y cuando la vea triste por los recuerdos que puedan asaltar su infantil mente, acariciarla dulcemente y decirle muy quedamente al oído: ¡No llores, sigamos jugando! Tal vez mañana sea todo distinto y lloremos juntos de felicidad.


Celestino González Herreros