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LOS DERECHOS DEL NIÑO NO ES ESTO

 Un mes de separación y aislamiento de Piedad.

 12 de Junio 2007.

 PIEDAD es el nombre ficticio de la persona canaria de casi seis años cuyo caso es conocido en las siete islas del archipiélago al haber impuesto la Audiencia Provincial de Las Palmas separarla de la familia preadoptiva e ingresarla en un centro de menores para su posterior entrega a su madre biológica. 

 Las condiciones del internamiento de esta ciudadana son de sobra conocidas, permanece aislada e incomunicada desde el día 10 de Mayo con el fin de que se enfrente a la única alternativa de familia que el sistema le ofrece, haciéndola pasar por el duro calvario de sentirse desolada y abandonada en estado de total orfandad, pues no sólo se le priva de las visitas o noticias de sus allegados o amigos, sino también del contacto con cualquier objeto personal que le evoque recuerdos, si acaso pensará que habrá tenido ella la culpa o se adjudicará explicaciones de tipo mágico, en una relación ambivalente con los educadores, en cuanto a que a la vez que la cuidan, alimentan y distraen, son los mismos que la separan de sus seres queridos. 

  Leíamos por ahí que las personas que durante su infancia han sufrido la tragedia de PIEDAD cronifican un estado de carencia afectiva permanente por esa traumática amputación de los planos afectivos en momentos claves de su desarrollo, siendo así que la separación forzada de sus padres es causa de un grave trastorno afectivo debido principalmente a que la estabilidad emocional depende del vínculo materno.

  Es lo que vienen a decir los propios técnicos de Menores del Gobierno canario, citados en nuestro escrito anterior, así como el común de profesionales y expertos sobre los efectos del vínculo afectivo y su patología. Así, desde Marshall Klaus y John Kennell, pediatras de Estados Unidos que acuñaron el término “vínculo afectivo” en 1976, y  J. Bowlby con su teoría del apego, se puede decir que la Teoría del Vínculo (“Attachment”) constituye uno de los avances más importantes del Psicoanálisis después de Freud, algo que, para desgracia de PIEDAD, no va con los magistrados de la Sección Tercera de la Audiencia de Las Palmas, que, a lo que se ve, son unos perfectos desconocedores de la literatura científica en la materia.

 Sostenía Bowlby que una baja tolerancia al estrés acompañaría en la vida a las personas que perdieron su madre antes de cumplir los 10 años y que esa tendencia se vería incrementada por la actitud de la familia de no hablar de eso. Si nos fijamos en Piedad, perdió a su primera madre cuando tenía apenas 8 meses de vida, a causa de los descuidos y de la mala vida de aquella y como no fue posible su vuelta con la familia biológica permaneció tres años en centros de menores antes de ser entregada a su segunda madre, a la que acaba de perder después de dos años de feliz integración y convivencia.

 Por el paralelismo que nos sugiere la historia de PIEDAD, de la tradición cristiana tomamos de los Evangelios (Lucas 10, 25 -37) la parábola del samaritano, pues Jesús de Nazaret trasciende el valor de humana solidaridad de la condición o etiqueta de persona o titularidad: Sé es quien da y quien ampara, y no quien descuida y abandona. ¿Quién es mi prójimo? preguntó el legista y Jesús respondió ¿Quién de los tres crees tú que fue su prójimo? No cabía otra respuesta: “El que practicó la misericordia con él”, fuese quien fuese: raza, condición, titularidad... Una niña nació en una localidad de las Islas Canarias de una madre descuidada que vivía en ambientes de marginalidad y exclusión. No tenía vivienda ni tampoco proyectaba trabajar y estuvo pernoctando en albergues de caridad los cinco primeros meses de la vida del bebé, de donde fue echada porque no hacía ningún esfuerzo por salir adelante. Luego anduvo de tumbo en tumbo exigiendo al Ayuntamiento la solución de sus problemas, sin ofrecer contrapartidas, por lo que el Fiscal ordenó el ingreso del bebé con apenas ocho meses en un centro de menores, para protegerlo. Ella tenía problemas de toda índole, también de desorden mental, continuando su vida irregular con apenas visitas a su hija, quien con el transcurso del tiempo cumplió tres años y medio en los centros, pues nadie de la familia aceptaba acogerla por miedo a la conflictividad de la madre. Por eso  el Servicio de Menores le buscó otra familia en un tipo de acogimiento preadoptivo en la que se integró de inmediato y fue querida y feliz, creciendo y enriqueciéndose de estímulos positivos y de afectos. ¿Quién es su verdadera madre? ¿La que la trajo al mundo o la que le dio posteriormente el amor y la seguridad que no tenía? ¿Quién es la madre de PIEDAD?.

  La cuestión manejada por los juristas de si madre biológica o madre de acogida no es un asunto baladí, pues debido al desconocimiento en materia de psicología evolutiva y de la teoría del apego, se pueden adoptar medidas tan rompedoras como esta, infravalorando en la persona de esta ciudadana sus vínculos y sus afectos, como si los mismos -enfrentada a la presencia de la madre biológica - hubieran de desaparecer o disolverse, o, dicho de otra manera, como si la segunda de sus madres, la que estableció con ella los fuertes lazos de apego no fuera su madre verdadera y sólo a la primera cupiera dicha calificación por haberla traído al mundo. Para Bowlby “la madre, por extensión, es asimismo la figura de apego, cuando la primera no ha existido de hecho”.

 No han sido justos los magistrados con PIEDAD, porque la verdadera madre es quien le dio seguridad y amor, quien estableció el vínculo afectivo, de tal manera que se ha actuado como si en realidad se hubiera producido un secuestro, un secuestro legal evidentemente, pero un secuestro en toda regla por los efectos devastadores que está teniendo y que tendrá en su futuro, y que está afectando también a los miembros de la familia de la que ha sido arrancada, especialmente a su hermana de 9 años que igualmente habrá de padecer el síndrome de carencia afectiva y de angustia de separación al no volver a tener noticias de la desaparecida. A ese tenor, resulta patético que a PIEDAD se le estén abriendo todas las puertas en la relación con la desconocida y se mantengan herméticamente cerrados los canales de comunicación con su mundo afectivo.

 No hay que dejar de lado que quien ejerció de madre de PIEDAD no pasaba por allí, lo hizo legalmente en un régimen de acogimiento administrativo, figura sobre la que el Tribunal Constitucional se viene pronunciando en términos inequívocos al recoger de la propia legislación que en su seno se “produce la plena participación del menor en la familia, e impone a los acogedores las obligaciones de velar por él, tenerlo en su compañía, alimentarlo, educarlo y procurarle una formación integral (Art. 173.1 CC)”  Pero más aún si hablamos del régimen de acogimiento preadoptivo, que es el que se aplicó a PIEDAD cuando fue entregada a su nueva familia, puesto que como dice el Tribunal Constitucional con tal tipo de acogimiento “los acogedores gozan de un status jurídico reforzado respecto a los demás acogedores en general” (STC 124/2002, 20 de Mayo)

  Según Bowlby, el vínculo contribuye a la creación de “un núcleo de estado seguro” en la personalidad. Como se sabe, PIEDAD, gozaba de una seguridad y estabilidad derivadas del fuerte lazo afectivo en la familia, y si se rompe le creará precisamente lo contrario: Inseguridad e inestabilidad, pues para el investigador británico  “el amor de la madre durante la niñez y la primera infancia es tan importante para la salud mental del niño como las proteínas y vitaminas para su salud física.” De tal manera  que si por cualquier circunstancia desaparece la figura de apego, va a manifestar desajustes y desequilibrios. Un estudio de Bowlby realizado en 1944 sobre una población de jóvenes delincuentes destacó que el 40% presentaban separaciones entre los 6 meses y los 5 años.

 Contemplamos, pues, que desde el punto de vista de la ciencia no tiene sentido lo que se está haciendo. Una persona equilibrada y feliz no tiene porque verse encerrada en la institución que protege a los niños, es como si a un cuerdo lo encerramos en un psiquiátrico para otra cosa diferente al campo de la salud mental.

Para la Audiencia Provincial de Las Palmas y, por ende, para la Dirección General del Menor y la Familia del Gobierno canario, el fin justifica los medios aunque los medios sean devastadores para PIEDAD, con tal de que la madre biológica recobre la propiedad que le fue retirada hace cinco años. Pero resulta que esa propiedad es una persona que no tiene absolutamente nada que ver con aquella criatura que fue retirada para ser protegida y que durante tres largos años estuvo infructuosamente esperando en dos centros de menores a que su madre se normalizara,  por lo que pretender entregar lo mismo que un día fue retirado y no tener en cuenta el cambio producido, sus nuevas circunstancias, sus necesidades y sus afectos, choca brutalmente contra la razón y el buen juicio.

 El doctor Gabriel Contreras Alemán, estudioso de Bowlby, y autor de un estudio sobre el Síndrome de carencia crónica Afectiva, refiriéndose a un caso como el de PIEDAD no tiene ninguna duda al afirmar que “interrumpir los lazos y vínculos puede constituir un error disparatado, de efectos tan devastadores como, tal vez, irreparables”, con lo que “podemos estar fabricando “legalmente”, entre todos, desequilibrados psicoemocionales presentes y futuros, complejísimos, profundos, de muy difícil o imposible solución.”

 Que PIEDAD mantenía y mantiene un fuerte lazo o vínculo afectivo con la madre preadoptiva y el resto de la familia extensa, está fuera de toda duda, no sólo porque lo suscriben los informes psicológicos, los informes de los técnicos de Menores y el informe forense del doctor canario Modesto Martínez-Piñeiro, sino porque la propia institución, ahora que la tiene aislada, así lo ha podido comprobar por la continua expresión (no nos cabe duda) de reclamo de sus seres queridos. Y si el vínculo afectivo estaba fuertemente consolidado entre PIEDAD y su figura de apego, queda claro para la ciencia que ésta y no otra es la madre de la que no debería haber sido separada, pues como dice Domingo Saumench Gimeno, Doctor en medicina, especialista en Psiquiatría y Médico Forense en Barcelona  “Un elemental principio de la higiene mental, admitido universalmente, dice que los niños menores de los 12 años no deben separarse de sus madres si no han sufrido malos tratos por parte de las mismas, físicos o psíquicos”.

 Y si a PIEDAD desde el punto de vista de la ciencia no se le ha hecho justicia, tampoco desde el punto de vista jurídico, teniendo en cuenta que por ser menor de edad le corresponden una serie de privilegios o derechos de los que ha sido excluida.

 Así, la Convención de los Derechos del Niño de 1989 consagra que el menor entre cero y 18 años es una persona “sujeto de derechos”, que es lo mismo que decir “ciudadano con todos los derechos al que hay que respetar como a ciudadano”,y al que hay que escuchar porque es un sujeto activo y participativo que se debe tener en cuenta en todo procedimiento administrativo y judicial en que esté afectado, concepción diametralmente opuesta a la anterior de niño como ser dependiente o propiedad de los padres o tutores, considerado un objeto y no un sujeto de derechos.

 El principio básico de la Convención, su guía – rector por excelencia, es el “interés superior del niño” (Art. 3.1) que incorpora nuestro ordenamiento jurídico en la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor 1/96 de 15 de Enero, de modificación del Código Civil definiéndolo como rector e inspirador de todas las actuaciones de los poderes públicos relacionados con el niño (Exposición de Motivos, Artículos 2, 11.2; 172.4; 173.3 y 4; 173 bis CC; y artículos 1826 y 1827 LEC). Y eso significa en la práctica jurídica y administrativa que en todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas, o los órganos legislativos, una consideración primordial a la que se atenderá es “el interés superior del niño”.

 El problema común a no pocas resoluciones judiciales como la que en este caso criticamos, es que el juzgador suele apelar a dicho principio de forma genérica excluyendo el conjunto sistemático de derechos que tal principio inspira, sin los cuales, sin cuya satisfacción, deja de tener sentido el citado principio.

 Y es que, como dice Miguel Cillero Bruñol, jurista chileno de prestigio, “el interés superior del niño supone la vigencia y satisfacción simultánea de todos sus derechos”. Por ello, según dice “una correcta aplicación del principio, especialmente en sede judicial, requiere un análisis conjunto de los derechos afectados y de los que se puedan afectar por la resolución de la autoridad.”

  Se entiende así que los derechos del niño a tener una familia, a tener una nacionalidad, a ser protegido, a expresar su opinión,  a participar en las cuestiones que le afecten, a la educación… se inspiran y contienen en ese “interés superior del niño” al que los demás intereses se tienen que supeditar.

 Sostiene el profesor Cillero que “los niños tienen derechos que deben ser respetados, o sea, los niños tienen derecho a que antes de tomar una medida respecto de ellos se adopten aquellas que promuevan y protejan sus derechos y no las que los conculquen”. Y en nuestro país es doctrina sobrado conocida del Tribunal Constitucional que los intereses del menor deben quedar salvaguardados frente a los demás que puedan entrar en juego, procurando la concordia e interpretación de las normas jurídicas en la línea de favorecer al menor.

 Si volvemos a PIEDAD ¿Ha salido favorecida con la decisión de la Audiencia Provincial de Las Palmas? ¿Se ha respetado su interés superior?  La respuesta es un no rotundo porque se han vulnerado sus derechos. 

 Así, nos encontramos que no se ha respetado su status personal, su estabilidad e integración familiar, no se la ha querido oír directa, ni indirectamente a través de los informes sobre ella desde los puntos de vista psicológico, educativo, social, familiar, de salud… PIEDAD fue excluida literalmente como persona y quedó adscrita en el procedimiento a mero objeto de litigio. Sin embargo, los magistrados que no contaron con ella tenían muy claro que operaban en su beneficio por el hecho de devolverla a la madre biológica, la única beneficiada en esta historia, a cuyo interés particular se supeditó el superior de la menor.

 Concluimos diciendo que PIEDAD ha salido perjudicada de un negocio que ella no ha promovido y del que nunca ha sido responsable, viéndose sometida a unas circunstancias muy desfavorables para su equilibrio psicosomático y su salud, víctima de una máquina de hacer daño que nadie está dispuesto a detener, pero PIEDAD no es la única perjudicada. Su familia ha quedado igualmente afectada, en un mar de pena y desorientación. Tiene PIEDAD una hermana de nueve años que no supera el trago de haberla perdido como si la tierra se la hubiera tragado. Lo mismo que su familia extensa, sus amigos, la gente en general que no asume una desgracia semejante. Pero también han salido perjudicadas las instituciones. La primera, la judicial que ha quedado públicamente desacreditada, perdiendo buena parte de su autoridad y prestigio, alejando aún más a los ciudadanos de la justicia, devolviendo la institución a prácticas de otros tiempos… y también ha salido perjudicada la Dirección General del Menor y la Familia del Gobierno de Canarias, que es el organismo encargado de llevar a efecto la medida sobre PIEDAD, que en este caso pervierte. Y, por extensión, todos salimos perdiendo en un Estado de Derecho incapaz de corregir semejante desviación de los derechos humanos, que nos deja en entredicho como sociedad avanzada e igualmente nos desacredita.

 Ahora PIEDAD sobrevive apurando su soledad en el más absoluto desamparo en un sistema que está para protegerla y la maltrata. Así lleva un mes y todo el tiempo que haga falta esta ciudadana, esta persona de casi seis años, hasta que acceda a irse con la que la trajo al mundo, sin derechos, porque se los han arrebatado. Dijo Bowlby que un ser como PIEDAD, separado traumáticamente de su familia habrá de pasar por varias fases hasta alcanzar “la indiferencia afectiva” que la dejará marcada en su futuro. La primera es la fase de protesta, en la que llora, se asusta, grita, lucha por restablecer la proximidad con su gente. La segunda es un fenómeno de indefensión aprendida, de pérdida de interés por el medio y aparecen los problemas psicosomáticos y anorexia. En la tercera abandona las conductas de búsqueda, todo se ha venido abajo, definitivamente abajo y parece olvidarse al precio de la indiferencia afectiva.

 ¿En qué momento está PIEDAD? Los que trabajan con ella bien lo saben, pero no se olviden, que cuando crean que esta persona más coopera porque ya no clama por los suyos y parezca moverse en la dirección que se le imponga, es cuando viene lo peor, esa “indiferencia afectiva” y sus secuelas, que no compensará su estancia en la nueva familia.

 Por eso decimos que PIEDAD es una persona, una ciudadana canaria actualmente sin derechos y que lleva sobre sí la experiencia de un tercer centro de menores en su corta vida, con el futuro hipotecado. Reclamamos que vuelva la cordura y se respeten sus derechos.

 

José Luis Calvo Casal