PRODENI

Ir a la Página principal

 

el país

 

El Vaticano afirma que ignorar los abusos ha tenido “devastadoras repercusiones”

El cardenal O’Malley lamenta que muchos dentro de la Iglesia no sean aún conscientes de la magnitud del problema

Pablo Ordaz Roma 3 MAY 2014

El cardenal Sean O'Malley y Marie Collins, miembros de la comisión contra la pederastia de la Iglesia. / Riccardo De Luca (AP)

Durante décadas, la Iglesia católica ha estado --o ha querido estar-- ciega, sorda y muda ante los abusos sexuales a menores cometidos por sus sacerdotes y religiosos. Una actitud que, según los miembros de la Comisión para la Protección del Menor instituida por el papa Francisco, ha provocado “devastadoras repercusiones”. De tal forma que, a partir de ahora, la actuación del Vaticano deberá regirse por un principio muy claro: “El bien de un niño o de un adulto vulnerable es prioritario a la hora de tomar cualquier decisión”.

En un comunicado emitido tras sus primeros tres días de reunión, la comisión –de la que forma parte Marie Collins, una mujer irlandesa de 66 años que sufrió abusos de un sacerdote cuando tenía 13 años y estaba enferma— propone al Vaticano que “haga hincapié sobre las trágicas consecuencias del abuso sexual y de las devastadoras repercusiones de no escuchar o no informar cuando se sospecha un abuso, así como de la falta de ayuda a las víctimas de abusos sexuales y a sus familias”.

De forma habitual, ante un delito tan repugnante como la pederastia, la Iglesia solía defenderse atacando, mostrándose como la víctima de campañas mediáticas desproporcionadas que querían convertir una supuesta excepción –las denuncias por abusos en EE UU o el Reino Unido—en un mal muy extendido. De ahí que lo vivido hoy en la Sala de Prensa del Vaticano permita incubar una cierta esperanza. Por un lado, un alto representante de la jerarquía católica, el cardenal Sean Patrick O’Malley, arzobispo de Boston, hablando de forma muy clara del alcance del problema e incluso lamentando que dentro de la Iglesia aún haya quienes “no consideran que se trata de un problema universal, sino de ciertos países del mundo”. Y, por otro, la presencia en esa comisión –por expresa voluntad de Jorge Mario Bergoglio— de Marie Collins, quien hace apenas dos años expresó sin tapujos en un simposio celebrado en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma todo el dolor sufrido por la manera en que la Iglesia protegió al sacerdote abusador, trasladándole a ella el peso de la culpa, convirtiéndola de por vida en un ser marcado: “Han pasado 50 años y no lo puedo olvidar. Aquellas visitas nocturnas a mi habitación cambiaron mi vida”.

El cardenal capuchino y la víctima que no olvida para que otras no tengan que pasar por su calvario han llenado de propuestas el silencio. Uno y otro, como portavoces de la comisión formada por ocho personas pero que se enriquecerá en breve con representantes de otras partes del mundo, pusieron el acento en que la lucha contra la pederastia en el seno de la Iglesia será eficaz si cada parroquia, si cada diócesis, la toma como una lacra concreta a batir y no como un problema abstracto. Los católicos de a pie y la jerarquía se tienen que comprometer, según la Comisión, “a que las parroquias, escuelas e instituciones sean lugares seguros para todos los menores; a garantizar que los niños y los adultos vulnerables estén protegidos de los abusos”.

La primera reunión de la comisión vaticana para la protección de los menores tiene un curioso –o tal vez sería más exacto escribir preocupante—punto de coincidencia con el Consejo de Economía que ofreció sus primeras conclusiones el viernes. Ambos grupos formados por religiosos y laicos han constatado que las reformas urgentes que necesita el Vaticano, ya sea en lo que respecta a la transparencia financiera o a la lucha contra la pederastia, están encontrando más reticencias en el seno de la Iglesia de las que cabría esperar. La propia Marie Collins denunció que, a estas alturas, “muchos obispos creen todavía que es imposible que en su diócesis se den casos de abusos por parte del clero…”. La comisión, entre cuyas funciones no está la de presentar propuestas concretas, vigilará para que la Iglesia asuma su “responsabilidad” ante algo que, como recordó el papa Francisco a su regreso de Río de Janeiro, “no es solo un pecado, sino también un delito”. Un delito cuyo dolor no prescribe en la memoria de las víctimas.


Principales casos de abuso sexual a menores en la iglesia

EL PAÍS / AGENCIAS Madrid 25 JUN 2010

Un informe oficial sobre los abusos sexuales a menores de miembros de la Iglesia católica belga pone de manifiesto que desde los años sesenta hasta los ochenta hubo más de 475 denuncias y que 13 de las víctimas acabaron suicidándose . Repasamos aquí los escándalos de pederastia más señalados desde los años noventa hasta la actualidad:

1993 Estados Unidos

De acuerdo con sondeos realizados por diarios estadounidenses, entre 2.000 y 4.000 sacerdotes católicos están implicados en casos de abuso sexual con menores consumados en parroquias de EEUU, con alrededor de 100.000 víctimas. Ese año, en una carta de Juan Pablo II a los obispos católicos de EEUU el Papa expresaba su preocupación por los reiterados informes sobre abusos sexuales de sacerdotes a los feligreses en las diócesis estadounidenses.

1994 Francia

El sacerdote Jean-Lucien Maurel, director de una escuela en Aveyron (Francia) entre 1994 y 1996, fue condenado por violar a tres niños en marzo de 2000.

1995 Austria

Los primeros escándalos cuando el ex arzobispo de Viena, Hans Hermann Groer, fallecido en 2003, fue acusado por un ex alumno de abusos sexuales.

Aunque el prelado lo negó, en 1998 Groer, correspondiendo a una petición del Papa Juan Pablo II, rompió su silencio y pidió "perdón a Dios y a los hombres por si me he cargado de culpa". Hasta su muerte, Groer vivió retirado en un monasterio.

1997 Reino Unido

El líder de la Iglesia católica en Inglaterra y Gales, el arzobispo Cormac Murphy-O'Connor, reconoció su error en julio de 2000 por autorizar que el pedófilo Michael Hill trabajara como obispo. En 1997 fue encarcelado por abusar de nueve niños durante 20 años.

1998 Estados Unidos

Se producía la primera dimisión en la jerarquía estadounidense. El obispo de la diócesis de Palm Beach, J.Keith Symons, renunciaba a su puesto tras admitir "comportamiento sexual inapropiado" con cinco menores de edad.

2002 Estados Unidos

Dimite el cardenal arzobispo de Boston, Bernard Francis Law, cuya caída ocasionó un escándalo sin precedentes en el clero estadounidense. Law confesó haber protegido a un párroco que abusó de jóvenes de su comunidad. En 2004, fue nombrado arcipreste de la Basílica de Santa María La Mayor, una de las cuatro grandes de Roma. Precisamente, en abril de 2002 el Vaticano era mencionado, por primera vez en una demanda contra la Iglesia Católica de EEUU como encubridor de sacerdotes pederastas al transferirlos de estado o sacarlos fuera del país para evitar los juicios.

2004 Estados Unidos

Polémica en EE UU en 2004 tras conocerse el informe sobre abusos encargado de la Conferencia de Obispos Católicos. 10.667 personas formularon denuncias. Tres años más tarde, la archidiócesis de Los Ángeles acordó pagar 660 millones de dólares (474 millones de euros) a 500 víctimas de pederastia desde 1940. En 2008, Chicago anunció 12,7 millones de dólares (9,1 millones de euros).

2008 Estados Unidos

Un informe del Colegio John Jay de Justicia Criminal señalaba que un total de 10.667 personas han acusado a 4.392 sacerdotes en EEUU por abusos sexuales cometidos entre 1950 y 2002. Para resolver muchos de esos casos, algunos de forma extrajudicial, la Iglesia ha tenido que pagar mas de 2.000 millones de dólares (1.260 millones de euros) en indemnizaciones a las víctimas.

El primer viaje que Benedicto XVI realizó a EEUU desde su elección como pontífice, recibió, por sorpresa, a un grupo de víctimas de abusos sexuales por sacerdotes pederastas; dijo entonces que estos escándalos fueron "una vergüenza que no se debe repetir" y admitió que "fueron pésimamente gestionados".

2008 Australia

El papa Benedicto XVI pidió por primera vez disculpas por los abusos sexuales cometidos por el clero en todo el mundo durante su visita a Australia. En este país la organización Broken Rites (Ritos Rotos), defensora de las víctimas de abusos sexuales, cifró en 107 los sacerdotes católicos condenados por pederastia, y el número de víctimas en más de mil.

2009 Austria

Los medios de comunicación publican prácticas realizadas en instituciones católicas, entre ellas, el Coro de los Niños Cantores de Viena, según publicó el diario 'Der Standard'. Ya a finales de los 80 y en la década de los noventa hubo acusaciones en ese sentido en el mismo coro. En 2009 se contabilizaron 12 denuncias por abusos a menores.

2009 Irlanda

Un informe detalla décadas de violencia sexual a menores en los orfanatos, reformatorios y escuelas propiedad o dirigidos por miembros de la Iglesia católica.

2010 Austria

Las primeras revelaciones de febrero de 2010 provocaron el abandono del cargo del sacerdote capuchino, Johanes Stoker, que el 10 de marzo de 2010 confesó haber acosado y abusado sexualmente de varios menores en las décadas de 1970 y 1980. Por razones similares, dimitieron posteriormente otros tres religiosos de sus puestos.

En lo que va de 2010, en la diócesis de Viena se han contabilizado 12 denuncias por abusos sexuales a menores. En Graz, la segunda ciudad del país, sólo en marzo de 2010 eran ya 11 las denuncias por supuestos casos de pederastia, una suma equivalente a la de los últimos quince años.

2010 Estados Unidos

Los escándalos por abusos sexuales a menores surgen nuevamente en la prensa estadounidense. 'The New York Times' revela que las autoridades vaticanas encubrieron al sacerdote de EEUU, Lawrence C. Murphy, fallecido en 1998, y que supuestamente abusó sexualmente de unos 200 menores sordos durante más de 20 años en una escuela de Wisconsin.

Según el diario, la Congregación vaticana para la Doctrina de la Fe, dirigida por el actual Papa Benedicto XVI entre 1981 y 2005, no respondió a las tres cartas enviadas al respecto por el arzobispo de Milwaukee. El Vaticano explica que el sacerdote no fue castigado ya que cuando se tuvo conocimiento del caso habían transcurrido 20 años y el religioso estaba muy enfermo.

2010 Holanda

Los salesianos están siendo investigados por abusos a menores ocurridos entre 1960 y 1970 en el internado Don Rua.

2010 Alemania

El arzobispo de Ratisbona informa de las vejaciones de cuatro educadores durante 15 años a miembros del coro de voces blancas que dirigió Georg Ratzinger, hermano del Papa, entre 1964 y 1993.

2010 España / Chile

La justicia chilena condena a 817 días de prisión al religioso español José Ángel Arregui Eraña por posesión de pornografía infantil. Arregui fue detenido cuando guardaba 400 horas de vídeos de contenido pederasta, que incluían las grabaciones que él mismo filmó cuando presuntamente abusaba de al menos 15 alumnos de tres colegios españoles de la congregación de San Viator. Un ex alumno del colegio de San Viator en Huesca ha presentado en los Juzgados de la capital oscense.

2010 Bélgica

Un informe de la comisión sobre denuncias de abusos sexuales por parte de religiosos en Bélgica reveló que 13 de las víctimas se suicidaron. La comisión recibió 475 denuncias de pederastia, dos tercios de los damnificados eran hombres, la mayoría en torno a los 15 años. 100 mujeres también sufrieron abusos. Los hechos ocurrieron desde la década de los sesenta hasta mediados de los ochenta. Meses antes, en abril de 2010, el obispo de Brujas Roger Vangheluwe admitió haber tenido relaciones sexuales con un menor antes y después de ser obispo.


La Iglesia mira cara a cara a las víctimas de abusos sexuales

Un simposio sin precedentes reúne a la jerarquía y a los afectados en Roma

El Papa pide una “profunda renovación en todos los niveles”

Pablo Ordaz Roma 7 FEB 2012

Participantes del congreso sobre las víctimas de abusos llegan a la Pontificia Universidad Gregoriana. / FILIPPO MONTEFORTE

El Vaticano parece dispuesto a terminar de una vez con el “silencio cómplice” de la Iglesia católica con respecto a la pederastia. Los superiores de una treintena de órdenes religiosas y representantes de 110 conferencias episcopales de todo el mundo participan desde el lunes hasta el jueves en un simposio, organizado por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, para prevenir y atajar los abusos a menores por parte de los clérigos. Nada más llegar, recibieron un mensaje muy contundente del Papa. Les decía que la pederastia es “una tragedia”, que la curación de las víctimas tiene que ser la “preocupación prioritaria” de la comunidad cristiana y que la Iglesia necesita “una profunda renovación en todos los niveles”. Hay además dos señales que subrayan hasta qué punto Benedicto XVI parece implicado en la batalla. La primera es la participación en su nombre del cardenal William J. Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien admitió: “En los últimos diez años nos han llegado 4.000 denuncias de abusos, que han puesto de manifiesto la inadecuada e insuficiente respuesta canónica”. Otro aspecto importante es que el primer testimonio será el de Marie Collins, una mujer irlandesa que padeció de niña los abusos de un sacerdote. Será su sufrimiento el que abra el simposio.

Durante décadas, la Iglesia ha amortajado con el silencio el más sucio de los crímenes. El que un adulto, protegido además por una sotana y la confianza de los que le rodean, comete sobre un menor inocente e indefenso. Los casos de Holanda —más de 20.000 víctimas desde 1945—, Irlanda —más de 25.000 entre los más desfavorecidos— o Alemania —los niños del coro de Ratisbona sufrían acosos de forma sistemática— constituyen solo un doloroso ejemplo de una realidad terrible y mundial. Benedicto XVI, según señalan los organizadores del simposio, está decidido a fijar como una prioridad de su pontificado la “tolerancia cero” contra los abusos. Un empeño difícil por cuanto existen todavía príncipes de su Iglesia —entre ellos el cardenal español Antonio Cañizares— que en declaraciones públicas no muy lejanas sitúan la pederastia casi como una anécdota —“lo que haya podido pasar en unos cuantos colegios”— en comparación con “los millones de vidas destruidas por el aborto”.

De ahí que, como primera medida, el Papa haya ordenado a los suyos romper el silencio. El encuentro de Roma es sin duda la mejor prueba. El poderoso cardenal estadounidense William J. Levada tiene la misión de recordar a los participantes en el simposio —titulado Hacia la curación y la renovación— que fue el Pontífice quien, en una carta cursada el 16 de mayo de 2011, reclamó a todas las conferencias episcopales del mundo medidas para atajar el problema. Porque, como declaró el lunes a Radio Vaticano el arzobispo Charles Scicluna, la Iglesia tiene “el deber” de colaborar con las autoridades para combatir la pederastia. El maltés Scicluna, promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, se muestra tajante: “Los abusos a menores no solo son un pecado, sino también un delito. Y además de colaborar con las autoridades, tenemos que asegurar la mejor protección a los menores. Lo primero que hay que hacer es comprender bien el problema, el triste fenómeno de esos abusos sexuales contra los más pequeños, para actuar con determinación”. El mensaje del Papa incidía en la protección a los menores: “Todo acto de caridad, incluso hacia el más pequeño de nuestros hermanos, es un acto de caridad hacia Dios”.

Exactamente lo contrario, al menos hasta ahora, de lo que ha venido haciendo la Iglesia. De hecho, miles de víctimas se han ido a la tumba en silencio, después de vivir toda la vida con su secreto, guardándolo como una vergüenza, porque en muchos de los casos sus victimarios les trasladaron la responsabilidad del pecado. Según ha trascendido, Marie Collins, la mujer irlandesa víctima de abusos en su niñez, se mostró en principio reacia a participar en un seminario organizado por el Vaticano a través de la Pontificia Universidad Gregoriana. Pero luego pensó que, entre sus oyentes, no solo estarían sacerdotes llegados de todo el mundo y expertos en psicología o derecho. Sino también altos representantes de la curia. Como muestra de que el propósito de enmienda es real y no fingido, los representantes de algunas órdenes religiosas en cuyo seno se han cometido abusos pedirán durante el simposio público perdón a las víctimas.

Unas víctimas que, desgraciadamente, no son patrimonio del pasado. El propio arzobispo Scicluna ha advertido de que “el problema sigue siendo muy extenso, también en África o en Asia, donde no hay sensibilidad social para rechazar los abusos”. “Nuestro objetivo”, señala un responsable de la organización, “es combatir la pederastia en la Iglesia desde el frente más eficaz y también más doloroso: desde dentro de la propia Iglesia”.

Una lacra mundial

Francia. Jean-Lucien Maurel, director de una escuela en Aveyron (Francia) entre 1994 y 1996, fue condenado por violar a tres niños en marzo de 2000.

Reino Unido. El líder de la Iglesia católica en Inglaterra y Gales, el arzobispo Cormac Murphy-O’Connor, reconoció su error en julio de 2000 por autorizar que el pedófilo Michael Hill trabajara como obispo. En 1997, Hill fue encarcelado por abusar de nueve niños durante dos décadas.

Estados Unidos. Polémica en 2004 tras conocerse el informe sobre abusos encargado por la Conferencia de Obispos Católicos. Más de 10.600 personas formularon denuncias. Las archidiócesis de Los Ángeles y Chicago acordaron pagar casi 500 millones de euros a más de 500 víctimas desde 1940.

Irlanda. Mayo de 2009. Un informe detalla décadas de violencia sexual a menores en los orfanatos, reformatorios y escuelas propiedad o dirigidas por miembros de la Iglesia católica.

Alemania. Marzo de 2010. El arzobispo de Ratisbona informa de las vejaciones de cuatro educadores durante 15 años a miembros del coro de voces blancas que dirigió Georg Ratzinger, hermano del Papa, entre 1964 y 1993.

Holanda. Un informe concluyó en 2011 que entre 10.000 y 20.000 menores fueron abusados por la Iglesia católica desde 1945.

España. Hay ocho curas condenados y al menos 12 denunciados.

Bélgica. Dos exobispos son sospechosos de abusos continuados.
 

 


El papa Francisco impulsa la cruzada contra la pederastia

El Vaticano investigará los antecedentes de los religiosos que trabajen con niños

 
Pablo Ordaz Roma 5 DIC 2013


El Papa se reúne con los obispos tras su audiencia semanal en el Vaticano. / A. B.
 

A partir de ahora, los sacerdotes y religiosos que vayan a trabajar con niños no solo tendrán que estar en paz con Dios, también deberán tener un pasado legal y psiquiátrico intachable. El papa Francisco —según ha anunciado hoy el arzobispo de Boston, Sean Patrick O’Malley, uno de los ocho cardenales encargados de reformar la curia— ha instituido una comisión específica para luchar contra la pederastia en el seno de la Iglesia. Algunas de las medidas apuntadas por el cardenal O’Malley, como la de colaborar con la Justicia o asistir a las víctimas, parecen de sentido común, pero suponen un giro de 180 grados con respecto a lo que, históricamente, ha venido haciendo el Vaticano.

Durante décadas, la jerarquía de la Iglesia católica miró hacia otro lado ante el más sucio de los crímenes, encubrió a sus autores y despreció a las víctimas. Solo en febrero de 2012, el papa Benedicto XVI organizó un simposio en Roma para romper públicamente el silencio cómplice del Vaticano ante los miles de casos de abusos sexuales hacia menores de edad —4.000 denuncias en los últimos 10 años— cometidos por sacerdotes y religiosos. Joseph Ratzinger, ya acosado por las guerras de poder que provocarían su renuncia justo un año después, pidió entonces una “profunda renovación en todos los niveles” de la Iglesia para combatir la “tragedia” de la pederastia y obligó a los superiores de 30 órdenes religiosas y a los representantes de 110 conferencias episcopales a escuchar en directo el sufrimiento de Marie Collins, una mujer irlandesa que padeció de niña los abusos de un sacerdote. Aquel simposio fue la primera ocasión en que la Iglesia miró cara a cara a las víctimas, la primera vez que un Papa lanzaba el mensaje de “tolerancia cero” contra los abusos. Ahora se trata, según explicó el cardenal Sean Patrick O’Malley, de buscar herramientas concretas para no repetir un pasado tenebroso.

La primera es que el papa Francisco no está solo en el empeño. Es más, según dijo el arzobispo de Boston —una de las diócesis más golpeadas por las denuncias de pederastia—, se trata de un encargo realizado al Papa por el llamado G-8, la comisión de ocho cardenales encargados de reformar la curia: “Todos los cardenales estábamos muy entusiasmados con la propuesta y muy contentos por la respuesta positiva del papa Francisco”. La segunda es que ya no se trata de golpes de pecho más o menos sinceros. La comisión —cuya composición y competencias concretas serán especificadas por Jorge Mario Bergoglio— pretende crear una red mundial para detectar, denunciar y evitar este tipo de delitos.

“La Santa Sede”, según el arzobispo de Boston, “pedirá a las conferencias episcopales que formulen sus propuestas concretas”. Pero el objetivo parece claro: la comisión tendrá que informar a Francisco sobre la situación actual del problema —con especial atención a las víctimas— y establecer reglas muy concretas sobre la prevención y el castigo de los clérigos pederastas en todo el mundo. El cardenal O’Malley se refirió durante el anuncio —estuvo acompañado por el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi— a algunas de las posibles medidas: “En Boston dieron resultados importantes los cursos de formación para las personas que vayan a trabajar con menores; y también fue muy útil para reconocer a las víctimas de forma rápida el estudio de los precedentes penales de las personas que vayan a tratar a los niños”.

La Iglesia pretende que de los trabajos de la comisión —de la que también podrán formar parte laicos de reconocido prestigio— desemboquen en un manual muy claro para proteger a los niños. Y también para que, en el caso de que esos controles fallen, jamás se vuelva a mirar para otro lado. Al igual que ha empezado a suceder con los asuntos relativos al manejo irregular de los fondos del Vaticano, Jorge Mario Bergoglio se muestra partidario de una colaboración sincera con las autoridades. La comisión, según añadió el arzobispo de Boston, tendrá que poner los hechos punibles en conocimiento de la justicia civil y también de los obispos de las respectivas diócesis, además de ofrecer apoyo psicológico a las víctimas y también a los agresores. El objetivo final es crear un “ambiente de seguridad” para los niños.

No son pocos quienes todavía recelan de la autenticidad del compromiso del papa Francisco con la renovación de la Iglesia. ¿Cuándo pasará Jorge Mario Bergoglio de las palabras a los hechos?, se preguntaban los escépticos. La renovación del Instituto para las Obras de Religión —IOR, el banco del Vaticano— y, ahora, la apuesta decidida por luchar contra la pederastia parecen indicar que la época de los hechos ya ha comenzado. Durante el vuelo de regreso del viaje a Río de Janeiro, el papa Francisco estableció muy claramente la frontera de lo admisible y lo inadmisible. “Una cosa es perdonar un pecado de juventud”, dijo al referirse a la supuesta conducta desordenada de uno de sus colaboradores, “y otra cosa es un delito. Y la pederastia es un delito muy grave”.

Paso a paso

  • Benedicto XVI (2005/2013) protagoniza un papado marcado por el goteo de casos de pederastia en el seno de la Iglesia. Entre ellos, el escándalo por un informe que detallaba en 2009 décadas de violencia sexual a menores en los orfanatos, reformatorios y escuelas de propiedad o dirigidas por miembros de la Iglesia católica en Irlanda.

  • El Papa emérito decreta la tolerancia cero con los abusos tras ser acusado de encubrir a sacerdotes pederastas durante sus años como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cargo para el que fue nombrado por Juan Pablo II en 1981.

  • En 2010, el Vaticano publica su guía interna contra los abusos. En vigor desde 2003, exhorta a los obispos a denunciar a los pederastas a la justicia ordinaria.

  • El Vaticano reúne en Roma en febrero de 2012, en un simposio sin precedentes, a superiores de órdenes religiosas, representantes de conferencias episcopales y algunas de sus víctimas. “Las mismas manos que abusaban de mí me daban de comulgar”, dijo ante la jerarquía católica Marie Collins, una irlandesa agredida a los 13 años.

  • Al poco de iniciar su pontificado, en julio de 2013, Francisco cambia con un motu proprio —documento que solo pueden emitir los papas— el reglamento jurídico del Estado Ciudad del Vaticano. Entre otras cosas, endurece las penas para los casos relacionados con abusos de menores.

  • Ayer, el Papa y los ocho cardenales que le asesoran en la reforma de la curia anunciaron la creación de una comisión para luchar contra la pederastia.