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Tecnología

Secret, entre la libertad de expresión y el insulto

La aplicación de mensajes anónimos ha sido prohibida en Brasil

Whisper y Ask.fm, los competidores

 San Francisco 24 AGO 2014 - 18:56 CEST

“Di lo que piensas. Sé tú mismo”. Así arranca la presentación de Secret. Como enviar un mensaje en una botella en medio del mar, la aplicación invita a compartir comentarios y sensaciones de manera anónima. No debería causar más revuelo si no fuese por algunos de los ingredientes que han añadido, el factor social. Para empezar, se añaden los amigos de Facebook o de la agenda del móvil, ya sea a través del número, como en WhatsApp, o con las direcciones de correo. La difusión depende de la propia comunidad, los mensajes con más comentarios tienen más visibilidad.

Un primer rastreo deja claro que los problemas laborales se canalizan a través del móvil: “Me han echado del trabajo por pasar demasiado tiempo en Facebook”, “Dicen que Google es maravilloso pero no pienso pasar un día más ahí”. Son algunos ejemplos, se podría seguir y presentar muchísimos de dudoso gusto.

Chrys Bader (Boston, 1983) se siente como un crío con una granja de hormigas. No para de mirar cómo cada día cambia, a gran velocidad, su invento. En noviembre de 2013, David Byttow (consejero delegado) y él, como director técnico, se pusieron a darle forma a una aplicación para compartir secretos.

En enero salió la primera versión. La estructura era clara: dos columnas, la primera para amigos y amigos de amigos, la segunda para los secretos con más éxito en los que se incluye la localización. Un sistema de notificaciones y ausencia de nombres de perfil. Tan solo se identifica a los que participan con un icono que es diferente en cada conversación.

Los fundadores se conocían de Google. Bader llegó cuando compraron su empresa anterior. Byttow ya estaba en Google+, su enésimo intento por hacerse un hueco en las redes sociales. La verdadera explosión de Secret llegó a partir del 21 de mayo, cuando lanzaron la versión para Android y se pudo descargar más allá de EE UU. Bader se niega a desvelar la cantidad de usuarios registrados, pero basta darse una vuelta por las tiendas de aplicaciones móviles para corroborar el éxito. Es número uno en Israel y Brasil. En EE UU está entre las 10 más descargadas.

En SOMA, el barrio donde proliferan las startups, Secret crece en un edificio viejo, una nave en la que solo son 20 trabajadores. Sorprende. Más si se mira de dónde vienen: Square, Twitter, Facebook y Google. No es sencillo convencer a alguien para que deje su empresa, pero contar con 35 millones de dólares de inversión puede ser un motivo de peso para abrir la puerta a la tentación.

¿Cuánto secreto es Secret? Aseguran que la localización solo se toma como referencia, a los amigos no les aparece desde dónde se envió algo. El problema estriba en qué sucedería si se consiguiera hackearesta información o, sin ser deliberado, que por error se difundiera.

La aplicación, prohibida en Brasil

Llama la atención que los países con más actividad sean Rusia, Israel y China. “Este último caso es muy especial. En cuanto alcanzamos la primera posición en descargas comenzaron a aparecer clones que copiaban nuestro sistema. Son muy agresivos, con copias casi exactas. Hemos tenido que abrir oficina allí”. Brasil merece capítulo aparte, donde acaba de ser prohibida. El directivo sostiene que no saben qué sucedió entre los días 6 y 8 de agosto pero registraron varios millones de nuevos registros.

A pesar de estos clones, Bader se niega a hablar de la competencia, de Whisper. Dice que prefiere hacer su camino y no considera que sea comparable la forma de compartir y la gestión posterior del contenido. En la portada de su web se pueden explorar etiquetas: “Divertido”, “Comida”, “Salir” y “Gaza” son las que lideran en agosto. Se editan a mano, lo asumen como labor editorial. Que se incluya Gaza no es casual. “Sabemos que muchos no se atreven a dar su opinión en Facebook por miedo a represalias. Tampoco a poner algo grave que suceda en su empresa. En ambos casos puede ser contenido relevante que de otra manera no saldría a la luz”, subraya.

Sin embargo, es difícil encontrar la justificación a muchos de los insultos y provocaciones. “No es nuestra intención. Si se insulta a alguien, se avisa y desaparece. Ahora, si alguien dice ‘Obama es un incompetente’, ahí se queda. Es una opinión sobre una persona pública”, sostiene sin dejar espacio a la duda.

Queda la sensación de que impera la banalidad, mensajes de índole sexual y las críticas personales: “Al principio, se usa para ponerlo a prueba, con mensajes sin fondo, solo provocaciones. Después de esta fase comienza un uso más racional. Queremos llegar donde no lo hacen ni Facebook, ni Snapchat, al pensamiento interior de cada cual, a la confesión”, insiste.

No se consideran una red social, sino que se siente más cómodo dentro de la categoría de mensajería. En todo caso, cada secreto se puede compartir en Facebook, Twitter, WhatsApp o correo, forman parte de la maquinaría de difusión.

Con Secret las dudas se agolpan. ¿Quién se encarga de las peticiones de borrado de contenido? “Tenemos un equipo de moderación externalizado”, explica. Siguiente duda: ¿Quién pone las normas? “Nos atenemos a las habituales de los sitios sociales. No hay gran diferencia y pretendemos que siga siendo así”, remarca.

Su siguiente meta es dar con la fórmula para destacar los mensajes que más interesan. Como es norma en tantas empresas de este tipo, no hay un modelo de negocio detrás. “No es primordial. Eso vendrá después, ahora es momento de crecer”, insiste mientras toma a Benny en sus brazos, la mascota de la empresa.

Whisper y Ask.fm, los competidores

Whisper se adelantó a Secret, nació a mediados de 2012, con sede en Venice, un barrio de Los Ángeles, dice ser una vía de escape para la culpabilidad. Tracy Akselrud, que fue vicepresidente de MySpace, es la portavoz de la empresa. Al otro lado del teléfono presume de datos: “De media, los usuarios pasan 30 minutos al día. Nuestro perfil más común son mujeres con edades comprendidas entre los 17 y 28 años”. El 70% de los usuarios son mujeres. Cada mes superan 6.000 millones de páginas vistas.

Los números impresionan, sus inversores también. Michael Heyward y Brad Brooks, los fundadores, ganaron crédito tras crear una startup de mensajería, TigerText. Cuentan con 60 millones de dólares de los fondos más prestigiosos. Como Sequoia, que apostaron por YouTube, Tumblr e Instagram, o Lightspeed, que están detrás de Snapchat y Flixter. También la china Tencent, motor económico de WeChat, el WhatsApp asiático.

Esta liquidez les ha permitido contratar empleados de Google, Hulu, Gawker o AOL. Estos perfiles dejan clara que posición, en la intersección entre la tecnología y el contenido. A diferencia de Secret, la moderación se hace en su sede, con un equipo de 130 moderadores.

Akselrud hace hincapié en la privacidad: “Nosotros no entramos en la agenda”. Un golpe directo a Secret, que permite invitar a los contactos a través del correo o el número de teléfono. De nuevo, muestra escaso interés por hablar de cómo pretenden hacerlo rentable, aunque ya han hecho algunos experimentos al incluir publicidad con el mismo formato que el contenido de Mtv y Universal.

Ask.fm es la tercera en discordia. Una veterana web que quiere sumarse a esta nueva moda a golpe de talonario. Su mecánica consiste en presentar preguntas con nombre ficticio y al titular del perfil que resuelve dudas sobre sí mismo. Las más comunes: ¿Qué tal me sienta este vestido? ¿Debo adelgazar?...

El fondo IAC, propietarios de Tinder, dedicada a la citas con el móvil, quiere que dé el salto al teléfono móvil y compita con Secret y Whisper. Doug Leeds, su consejero delegado, explicaba al Financial Times que cuentan con 180 millones de usuarios activos mensuales. Su mayor valor reside en la juventud de sus usuarios. El 9% de los jóvenes entre 10 y 18 años en EEUU lo usan.