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La Voz de Galicia
 

«Un adulto puede engañar a un niño en Internet como le dé la gana»

Rial advierte que los padres deben controlar la actividad de sus hijos en la Red

redacción / la voz  05 de septiembre de 2014


Rial Boubeta alerta de los falsos perfiles en Internet. álvaro ballesteros
 

«Los padres se tienen que poner las pilas, tienen que actuar, que educar». La advertencia la lanza Antonio Rial Boubeta, miembro del grupo de Psicología del Consumidor y el Usuario de la Universidade de Santiago y coordinador del estudio realizado entre 44.000 adolescentes gallegos sobre los usos peligrosos de las nuevas tecnologías.

-Su estudio también refleja conductas que son delictivas, como el chantaje de unos niños a otros con la difusión de fotos o vídeos.

-Los adolescentes puede que no sean conscientes de ello, pero esto se llama extorsión y está tipificado como delito, y hay cerca de 4.000 jóvenes que sufren estas prácticas. Por ejemplo, una niña de 14 años deja al novio y se va con otro y el primero la chantajea con difundir imágenes eróticas suyas a toda la clase o en Facebook si no vuelve con él. Esta situación, al igual que el acoso y la humillación, es una práctica más habitual de lo que parece. Pero hay chicos que no son conscientes de ello y trivializan el insulto, el acoso y la humillación por Internet.

-¿No es menos grave que uno de cada tres contacten con desconocidos en Internet?

-Yo estoy convencido de que el número es mayor, porque lo ves, es el pan de cada día.

-¿Por qué ocurre esta práctica?

-A esas edades los chavales tienen una dependencia del entorno, necesitan ser reconocidos por sus iguales más que en otra época de su vida y tener muchos amigos, aunque sean desconocidos, es un signo de reconocimiento.

-Pero en niños el riesgo es mayor.

-Sí. Entre 30.000 y 28.000 niños gallegos establecen relaciones cibernéticas con gente que no conoce. Y, de ellos, uno de cada tres, entre 9.000 y 10.000, quedan luego físicamente.

-¿Y ahí está el verdadero peligro?

-Sí. Aceptar a desconocidos en Internet es el caldo de cultivo para el grooming, la conducta por la que un adulto utiliza un perfil falso en las redes sociales para establecer relaciones sexuales con los niños. Es el caldo de cultivo para los pederastas.

-¿Es tan fácil engañarlos?

-Un adulto puede engañar a un menor como le dé la gana por Internet. No es difícil.

-Entiendo que la supervisión paterna es entonces necesaria. ¿Algo falla cuando la mitad de los padres no saben los hábitos de sus hijos en Internet?

-Los padres se tienen que poner las pilas y educar a sus hijos. O los educamos nosotros o los educa el mundo a través de Internet. Me he inventado un acrónimo, OCLA, que resume lo que se debería hacer: observar a los niños, controlar, limitar y ayudarlos si lo necesitan. Somos los padres los que hemos hecho dejadez de funciones y pensamos que somos más liberales y democráticos si no ponemos límites, pero hay que ponerlos y ejercer la responsabilidad de educar a nuestros hijos. Y la navegación en Internet tiene que ser supervisada por los padres.

-¿Y el papel de las instituciones?

-El uso peligroso de las nuevas tecnologías es el problema más importante en la adolescencia después del alcohol, por lo que las instituciones pueden actuar en tres frentes. Dentro de los programas que ya existen de prevención de las drogodependencias y promoción de estilos de vida saludables se tienen que incluir contenidos relacionados con los peligros del abuso de las nuevas tecnologías. También hay que formar a profesionales, y es muy importante, para asesorar a los adolescentes en estos programas. En tercer lugar hay que seguir promoviendo estudios rigurosos para conocer el problema.

-¿Hay niños a tratamiento por su adicción a las nuevas tecnologías?

-Sí. Me consta que los hay, aunque no hay cifras porque los padres suelen recurrir cuando tienen un problema a psicólogos privados. Pero hay muchos más de los que se pudiera pensar.

-Tampoco parece justificable que el 10 % de los niños tengan su primer móvil a los ocho años.

-Con 8 ó 9 años un niño no necesita un teléfono móvil, y mucho menos una tarifa plana en Internet. Si se lo regalan en la Primera Comunión, los padres tendrían que devolverlo.