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DIARIO DE NAVARRA

 

¿Puede un niño acompañar a sus padres en la mendicidad?

Mendigar con niños no es delito si los menores no participan en la recaudación. Ayer, en Pamplona, dos niñas, menores de 8 años, acompañaban a un mendigo, en la distancia...

 
Las dos niñas que acompañan al mendigo, a la derecha de la imagen, son menores de ocho años. Juegan mientras él pide limosna.  FOTOS IVÁN BENÍTEZ
Las dos niñas que acompañan al mendigo, a la derecha de la imagen, son menores de ocho años. Juegan mientras él pide limosna. FOTOS IVÁN BENÍTEZ
IVÁN BENÍTEZ . PAMPLONA. Sábado, 26 de junio de 2010 - 04:00 h.

SUCEDIÓ ayer a las diez y media de la mañana en el centro de Pamplona, en la confluencia de la avenida Pío XII y la calle Monasterio de Urdax. Un hombre con semblante frágil se sienta sobre una caja de cartón en plena acera. Utiliza como respaldo la estructura de hierro de un semáforo. Le acompañan dos niñas. La mayor tiene 8 años - lo confirmaría más tarde - viste de naranja y está peinada con una coleta. La más pequeña luce dos trenzas. Los tres son extranjeros.

El hombre saca un trozo de cartón y lo deja a sus pies. El texto apenas se entiende. Las pequeñas, obedientes, se alejan a un banco próximo. Quedan inmersas en un mundo paralelo. Juegan a peinarse y despeinarse. Una y otra vez. En un momento dado, aburridas de estar, mejor dicho de acompañar en la mendicidad, entran a una farmacia cercana y se quedan contemplando a la gente. En silencio. Da la sensación de que buscan un gesto de complicidad. Alguien les pregunta por su edad. La mayor responde: "Ocho". La pequeña, la de las trenzas, permanece muda, embelesada con los productos expuestos. Salen de la farmacia, esta vez con una sonrisa y se vuelven a sentar en el banco rojo. Mientras, el indigente, ataviado con un chal sobre los hombros, mueve la cabeza de una lado a otro de la calle. De vez en cuando, da un trago a una botella de plástico. Una hora y media después, las niñas se vuelven a acercar al hombre. Conversan. Empiezan a bromear entre ellas: se agarran y bailan. El hombre les recrimina. Se retiran de nuevo.

Los dueños de los comercios más próximos consultados confirman que las conocen y no de un día. "Su presencia en el banco no es puntual", dicen, "es una situación que viene desde hace tiempo", y añaden: "En algunas ocasiones vienen con mujeres". No pueden determinar si durante el periodo escolar las han visto en horario de clase en la calle.

No es delito

La ley en este sentido es estricta: "Mendigar con niños no es delito si los menores no piden". Y ayer por la mañana en ningún momento se vio a las dos menores participar directamente en el acto. Únicamente, se quedaban a un lado, a una distancia prudencial. Es verano y las familias que sobreviven con lo que sacan de la mendicidad no se pueden permitir dejar a los niños solos en casa. Entonces, ¿qué sucede con la protección de estos menores que se mueven en el límite de un aparente vacío legal?

Dos agentes de la Brigada de Protección y Asistencia Social (UPAS) de la Policía Municipal del Ayuntamiento de Pamplona, que atiende los casos de mendicidad y utilización de menores, entre otros casos, aseguran que sucesos como éste no son habituales. De hecho, entre 2009 y 2010 no existe ninguna denuncia por utilizar a menores en la mendicidad. En cualquier caso, afirman, "ante cualquier tipo de llamada telefónica o incidencia que pueda entrañar el riesgo de un menor, actuamos de inmediato. La tolerancia es cero. Nos da igual que estén pidiendo o acompañando. Actuamos inmediatamente", reiteran con vehemencia.

La directora general de Familia de Asuntos Sociales del Ejecutivo foral, Loren Albéniz, manifiesta que la intervención está reglamentada y hay que ver el calado. "Una vez que estos hechos se ponen en conocimiento de los servicios sociales municipales se practica un seguimiento para comprobar la situación de la familia. Quizá no hay una situación de desprotección sino una serie de dificultades en la familia. Y para ello tenemos un importante programa de intervención familiar".