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Momarandu.com

18/08/2014

DERECHOS DE LA INFANCIA

Convención sobre los Derechos del Niño: entre la utopía y la letra muerta

Para ello, momarandu.com convocó a la especialista sobre los derechos de la infancia, la cubana Ana Isabel Peñate Leiva.

Ana Isabel Peñate Leyva (1965) es doctora en Ciencias de la Educación, es investigadora del Centro de Estudios sobre la Juventud de Cuba y subdirectora para la Coordinación y Relaciones Internacionales. Hace más de catorce años que se especializa en los derechos de la infancia y la adolescencia; en 2011 publicó el libro Sociedad, Educación y Derechos de la Infancia. El Centro de Estudios sobre la Juventud publica la revista Estudio, desde 1986, que tiene como objetivo divulgar resultados de investigaciones sobre la población infantil, adolescente y juvenil, y que se halla abierta a la colaboración de profesionales de todos los países. Estudio, es una de las escasas revistas que existen en Iberoamérica que aborda esta temática.

En virtud del difícil panorama actual que afecta directamente a la niñez, tanto en los conflictos armados, tales como los que se producen en Gaza, en Irak, o diferentes puntos de Medio Oriente, así como la trágica situación sanitaria que afecta a diferentes países de África con el Ébola, el cual ya se ha cobrado un millar de víctimas y amenaza con extenderse, y sin contar con todas y cada una de las violaciones a los derechos del niño que se producen cotidianamente, hacen poner el ojo en la Convención sobre los Derechos del Niño, aceptada y refrendada por la mayoría de los países, excepto dos: Estados Unidos y Somalia.

Previo a adentrarnos en el diálogo que la especialista cubana sobre los derechos de los niños, Ana Isabel Peñate Leiva accedió a tener con momarandu.com, a fin de apreciar en su total magnitud la importancia de lo escrito en la Convención sobre los Derechos del Niño, hablaremos brevemente sobre esta.

La CDN fue aprobada y abierta a la firma, ratificación y adhesión por la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas 44/25 del 20 de noviembre de 1989. Entró en vigor el 2 de setiembre de 1990 y fue la Cumbre Mundial a favor de la Infancia celebrada ese mismo año en Nueva York, la primera actividad internacional que inició su puesta en práctica. Los líderes mundiales, en dicha oportunidad, firmaron, además, la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, la Protección y el Desarrollo del Niño así como su Plan de Acción.

La CDN es el instrumento jurídico internacional que con mayor rapidez fue firmada y ratificada por mayor cantidad de gobiernos y Estados. La CDN obliga a los Estados firmantes a respetar y aplicar los derechos de los niños.

Para la Convención, se entiende por niño “todo ser humano menor de dieciocho años de edad, salvo que en virtud de la ley que le sea aplicable, haya alcanzado antes la mayoría de edad” (Parte 1 – Artículo 1)

Así las cosas y a la luz de los acontecimientos que, en este siglo XXI, se empeñan en volverse contra la infancia, se torna necesario reflexionar sobre la importancia o no de contar con una norma jurídica internacional como lo es la Convención sobre los Derechos del Niño:

Momarandu.com: En cada conflicto bélico como el de Gaza, en cada catástrofe sanitaria como ocurre en África, los más afectados son los niños, pese a contar con una Convención sobre los Derechos del Niño…

Ana Isabel Peñate: Que se viola todos los días…Justamente estamos en el año veinticinco de la Convención de los Derechos del Niño...Pienso que, para nada, la Convención es una varita mágica que va a solucionar todos los problemas sino que hace falta voluntad política. Yo siempre digo que la Convención es un piso para que los Estados puedan convertirla en una política de Estado y no de un gobierno, porque si no, sencillamente, va a estar cambiando en dependencia del partido que llegue al poder. Es un piso para que cada uno de los Estados y de los gobiernos haga más en favor de los niños.

M.: ¿Cómo cree que, en la actualidad, la gente ve a la CDN?

A.I.P.: Para muchos, la Convención es letra muerta, no se cumple, se viola. Todo esto que está pasando en Gaza es una violación flagrante a los derechos del niño y, tú ves, sencillamente, no pasa nada.

M.: ¿Considera que existe indiferencia por parte de los Estados Partes que firmaron y ratificaron esta Convención?

A.I.P.: Hoy, la Convención solamente no está firmada por dos países: Estados Unidos y Somalia. El resto de los países la ha firmado y ratificado que, además, eso quiere decir que tiene carácter vinculante; existe una obligación, al menos moral, por parte de los Estados, de respetar la Convención de los Derechos del Niño. Pero es una norma jurídica, como otras tantas, que se viola todos los días.

M.: ¿En qué cambia, piensa usted, que la CDN sea vinculante si se viola todos los días?

A.I.P.: Una norma es vinculante cuando una cantidad de países no solo firman sino que ratifican esa norma, y para ser una norma se precisaba cierta cantidad de firmas que la Convención superó. Vinculante, significa, además, que es de obligatorio cumplimiento para los países firmantes, para los Estados partes que ratificaron lo establecido en la Convención, cumplir con lo que está establecido. Están obligados a cumplir con la norma jurídica ratificada.

M.: Está bien, es obligatorio en teoría, pero en la práctica no se cumplen los derechos de los niños.

A.I.P.: Hay una gran discrepancia entre lo escrito y la práctica social. La Convención de los Derechos del Niño tiene un órgano que es el Comité de los Derechos del Niño en donde, cada cinco años, los Estados partes van presentando sus informes –Cuba lo hizo en el 2011- y ese comité del Derecho del Niño, a partir de ese informe que se presenta, hace los señalamientos, las valoraciones, las exigencias de lo que tienen que hacer…pero igual…yo creo que queda un poco a la buena voluntad de la gente. Tenemos que tener la necesidad de ser capaces de articular esa norma jurídica internacional con las normas nacionales; a ver cómo yo logro que esto, que es una gran sombrilla para el mundo entero, logre estar en coherencia con las normas que yo, como país, tengo. En ese sentido habría que estar ya trabajando.

M.: ¿Por qué cree que los niños siguen siendo los más vulnerables, los más dañados en cada situación de gravedad?

A.I.P.: Entre otras cosas, está el que se desconoce al niño como sujeto de derecho y la Convención llama la atención sobre eso y dice que el niño es un ser humano que tiene todos los derechos que cualquier ser humano, además de tener derechos especiales a partir de su condición de infante. El niño se convierte en sujeto pleno de derecho. Claro está que para que el niño pueda ejercer esos derechos necesita del Estado, que es el principal garante del infante y del adolescente en cualquier lugar, y necesita, además, de los adultos que rodean a ese niño, que es la familia, que es la escuela, que es la comunidad, que son los medios de comunicación, para que esos derechos del niño puedan ser llevados a la práctica porque el niño, por sí solo, no está en condiciones de hacer valer sus derechos.

M.: ¿Desde qué otra arista se debería abordar el tema de los derechos del niño?

A.I.P.: El tema de los derechos nunca debe ser abordado sin su otro complemento que es el tema de la responsabilidad, es decir: yo tengo el derecho de…pero tengo la responsabilidad de…y eso se enseña desde las primeras edades. El tema de la responsabilidad no puede quedar en el anonimato para poder tener un ciudadano conocedor de sus derechos, del derecho de los otros y conocedor de la responsabilidad que tiene con él mismo y con el medio en el cual se desarrolla.

M.: Pese a todo, ¿piensa que todavía es importante la CDN?

A.I.P.: Es importante que exista una norma que rija, que oriente, que dicte un marco ético y legal, que indique a los gobiernos y a los Estados las condiciones, los compromisos que tienen que tener. Ahora, es un hecho que no hay correspondencia entre la norma jurídica y la práctica social. Aun así, la CDN se diferencia de otros instrumentos jurídicos sobre derechos humanos, en que, por primera vez, presenta los derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales como derechos complementarios que contribuyen con la intención de proteger de manera integral al infante. La CDN establece y refuerza los vínculos entre los niños, adolescentes, adultos y Estado. La Convención es un punto de partida, nunca un fin.

LOS NIÑOS EN CUBA

Para la doctora en Ciencias de la Educación, “en Cuba se ha ido ganando, pese a todas las carencias de información que, todavía hay, y a reacciones que se tienen, yo creo que se ha ido, de alguna manera, de a poquito, ganando cierta cultura jurídica, que es importante y necesaria”.

Acerca de la investigación que lleva adelante en el Centro de Juventud, Peñate señaló a momarandu.com, “que nosotros investigamos, básicamente, la infancia, adolescencia y juventud cubanas; eso no quita que, desde el punto de vista de la investigación, tú estés obligado a buscar referentes en otros países, sobre todo, latinoamericanos. Un estudio sobre los derechos, sobre el conocimiento de los niños cubanos sobre sus derechos es tema de estudio. Este estudio se hace desde el año 2000 y eso nos permitió, de alguna manera, comparar el conocimiento que niños y adolescentes cubanos tenían sobre sus derechos con el que tenían otros países de América Latina. Sin plena conciencia, creo que nosotros aplicamos medidas que atacan a la cuestión de fondo y no nos quedamos en el asistencialismo”.

Asimismo señaló que “ya existen tres estudios de alcance nacional al respecto. Aquí se trabaja para que haya una plena concientización de los adultos dado que no vale del todo que los niños y adolescentes conozcan sus derechos si los adultos los desconocen. Y hay desconocimiento no por parte del Estado ni del gobierno, pero por ejemplo, en el área de la familia, que es vital para el respeto de estos derechos, la familia cubana va más a unas relaciones verticales, poco dialógicas, autoritarias y hay mucho temor a perder la autoridad”. Y reflexionó: “Habría que preguntarles a estas familias si en verdad, lo que van a perder es autoridad o es autoritarismo. En este sentido, cuando comenzamos con las investigaciones, nos centramos en la población infantil y adolescentes de 9 a 18 años, pero después nos dimos cuenta de que si trabajábamos únicamente con esta población y no trabajábamos con los adultos, en roles diferentes, de madre, padre, de maestros, de profesores, pues, sencillamente, nos quedábamos incompletos en el trabajo. No podemos buscar que el niño repita que el derecho de él es la educación, la salud, nombre, nacionalidad, identidad aino que logre desmontar esa norma jurídica que, además, por su edad, no tiene que comprenderla sino que debe desmontarla a su cotidianeidad”.

Inmediatamente preguntó y respondió: “¿Qué significa eso?, pues significa tener espacio, significa intercambiar, poder dialogar, negociar, respetar al otro. Por otra parte, también se debe trabajar concientizando, sensibilizando a los adultos, en roles diferentes que hagan unas relaciones intergeneracionales mucho más dialógicas, más horizontales, más democráticas”.

Con relación a la madre cubana, Peñate expresó: “La madre cubana defiende a sus hijos contra todo. Ella puede decirle cualquier cosa al niño, pero si alguien regaña a ese niño reacciona de una manera tremenda. A veces, uno funciona con cierto sentimiento de propiedad hacia los suyos, sin darnos cuenta de que los suyos tienen personalidad propia, que tienen alas y necesitan volar, que nuestro rol va en acompañarles en ese crecimiento, formales, en hacer de ellos mejores ciudadanos, pero que tienen que tener sus propias equivocaciones”.

Un punto especial que defiende la investigadora cubana es el papel del Juego en el niño. Al respecto destacó: “¿Cuánto, la familia cubana, tiene incorporado que el juego es un derecho del niño y que el niño necesita tiempo, espacio, que demanda jugar con otros, intercambiar con otros? No siempre se deja el tiempo para el juego con el niño o para el paseo, para que el niño se recree. El niño necesita del juego para poderse desarrollar”. 

(Por María Laura Riba, para momarandu.com). Con la mirada puesta tanto en la franja de Gaza, en todo Medio Oriente o en cualquier parte donde exista un conflicto bélico, así como en África y el Ébola, nos hace reflexionar sobre la CDN.