VIOLENCIA ESCOLAR

DOS NIÑAS HERMANAS (4º y 1º DE ESO) SE HAN VISTO OBLIGADAS A DEJAR EL INSTITUTO HUYENDO DE LOS ACOSOS Y AGRESIONES DE OTRA ALUMNA.

LAS AMENAZAS Y AGRESIONES TRASCENDIERON AL EXTERIOR Y LA FAMILIA HA TENIDO QUE ABANDONAR SU BARRIO E IRSE A VIVIR FUERA DE LA CIUDAD.

LA DIRECCIÓN DEL INSTITUTO  (I.E.S. “ANTONIO MACHADO”) SE NIEGA A EMITIR UN INFORME QUE HA SOLICITADO LA FAMILIA SOBRE LOS INCIDENTES.

 

SEVILLA.- 22 de Noviembre 2.004.

La reciente denuncia de un caso de violencia escolar en Málaga, dado a conocer hace una semana por PRODENI, ha servido para que una familia sevillana nos informe de la terrible situación por la que todavía están pasando después de haber tenido que abandonar el barrio donde residían y haber tenido que trasladarse a una zona alejada fuera de la ciudad, por los contínuos acosos, amenazas y agresiones que una alumna y su grupo de amigos han protagonizado contra dos hermanas de 12 y 15 años de edad, tanto en Instituto como en el exterior. 

Aunque los graves incidentes que han ocasionado la ruina de esta familia han sucedido ahora, hay antecedentes de cuando la mayor estaba en 1º de ESO, en la misma clase que la alumna acosadora (2.001 / 2.002). En aquella ocasión la menor agredida estuvo unos días sin querer ir al instituto, volviendo a reproducirse los acosos en el segundo trimestre en el centro educativo por medio de insultos, también en la propia calle y aún delante de la madre. A raíz de lo cual la Dirección las cambió de clase, desapareciendo el problema hasta este mismo curso cuando volvieron a coincidir.

Los acosos se han producido desde el primer día, tirándole bolas de papel en clase e insultándola. Y alcanzaron una dimensión superior el 24 de Septiembre en un recreo al ser  amenazada e insultada la hermana pequeña y recibir una paliza con golpes en cabeza y espalda la hermana mayor cuando quiso intervenir para que la dejara.

Dice la madre que el Jefe de Estudios  y el tutor la atendieron y propusieron acompañarla a su casa para evitar que la atacaran por la calle, pero al final se fueron solas las hermanas, y la otra aprovechó para ir a su lado insultándolas a gritos.

La madre de las niñas habló con la otra madre, que no quiso colaborar (al parecer se trata de una familia problemática).

Al día siguiente acudió la madre al instituto y dice que el Subjefe de estudios no se quiso implicar, dando largas. La madre había ido a exigir una solución pero todo fueron evasivas.

Como solución le propusieron que ella misma acudiese al recreo y vigilase a sus hijas. Ese mismo día en el recreo otros dos alumnos de su clase por encargo de la agresora se acercaron a la mayor con acosos y amenazas.

El Jefe de Estudios manifestó que no podía hacer nada apuntando que se trataba de una alumna muy agresiva pero muy inteligente. La mayor de las hermanas fue abucheada por todos sus compañeros en la CLASE DE ÉTICA, ante la profesora, quien emitió un parte a la Dirección. A consecuencia de ello fue convocada la Comisión de Convivencia, pero al día siguiente la menor abucheada no quiso volver al instituto. Los acosos continuaron y aún aumentaron con su hermana.

Entonces, el Equipo Directivo aconsejó a la madre como solución que sus hijas no mirasen a la agresora, que no le hicieran ni caso. Ella pidió un cambio de clase, que no estuviesen juntas. La Dirección no accedió a dicha petición porque había problemas de ratio.

La Dirección aconsejó a continuación que la madre fuera a recogerlas a la salida permitiendo que las dos niñas saliesen quince minutos antes, para que así no coincidiesen con la agresora.

Todo este amasijo de ideas o soluciones de orden colateral solamente sirvieron para que la agresora la tomase también con la madre insultándola a gritos cuando la veía por la calle. Todavía afectada, la madre recuerda la retahíla de insultos que tuvo una vez que soportar, del tipo:

“Qué haces tóo el día en el instituto, peazo de... Que te voy a rajar. Que te voy a dar una patada en el... Que eres una vieja con 40 años en cada pata. Que te mato. Y la gorda esta que no vale para nada (en referencia a la hija)”.

La madre tuvo que buscar refugio y al día siguiente interpuso una denuncia en la Comisaría.  Y su hija, por tercera vez, volvió a dejar de ir al instituto. Claro, que en su ausencia la tomaban con la pequeña a la que tenían prácticamente arrinconada.

Por parte de la Dirección, de nuevo componendas. El Jefe de Estudios dijo que había intentado un arreglo con la madre de la agresora pero que no había nada que hacer porque también era muy agresiva y disculpaba a su hija. Para remediarlo volvió a insistir en la idea de que la madre hiciese de guardaespaldas.

El 28 de Septiembre, la madre y la hija pequeña fueron atacadas por la menor con un grupo de amigos ante la puerta del Instituto cuando había ido a recogerla. Fue testigo directo la Jefa de Estudios (cambió la jefatura). En medio del escándalo de insultos y voces, la menor agresora increpó igualmente a la Jefa de Estudios diciéndole: “Y que sepas tú que de la cancela para fuera hago lo que me da la gana”.

No terminó ahí la cosa, pues al estar a resguardo madre e hija pequeña en el instituto, el grupo acosador se dirigió entonces en busca del domicilio de esta familia con intención de montar la bronca allí. La madre fue advertida por uno de los del grupo que había quedado rezagado. Al parecer iban diciendo: “Vamos a pegarle a la gorda”, preguntando a vecinos, a otros niños, donde vivía (en el piso estaba la mayor con su abuela). La madre fue a Comisaría a interponer otra denuncia.

Hay que señalar que en el referido incidente intervino la Policía Nacional, cuyos miembros, según la madre, se enfadaron diciéndole a la Jefa de Estudios que tenía que haber llamado antes a la Policía Local y tomar medidas disciplinarias en el centro. Las dos hermanas ya no volvieron pero la actitud de la menor agresora no cambió porque de nuevo fue con un grupo de apoyo (su novio entre ellos) a casa de esta familia para atacarles. Unos días más tarde la menor agresora fue sancionada con una expulsión de un mes.

Fue demasiado tarde, porque después de tanto ataque, insultos, impunidad e impotencia... las dos hermanas y su madre derivaron en un estado de ansiedad y depresión decidiendo irse, dejar su piso y alquilar otro en una zona fuera de la ciudad, teniendo que solicitar hasta tres préstamos...buscar nuevo instituto, comprar libros nuevos para ambas y empezar prácticamente desde cero, pues las amigas de las niñas dejaron incluso de hablarles, apartándose por miedo de los padres a verlas involucradas en el conflicto con la agresora y su pandilla.

A consecuencia de todo ello, las dos niñas padecen un fuerte shock postraumático, estando a día de hoy pendientes de atención en la Unidad de Salud Mental Infantil de la Consejería de Salud. Dice la madre que sus hijas todavía no duermen bien, están muy nerviosas, no rinden en el instituto, han perdido la ilusión, con frecuentes fases de irritación... La madre, por su parte, también está esperando atención psiquiátrica por una severa depresión.

Hay que señalar que la hermana mayor (4º de ESO) es un alumna de sobresalientes y nunca antes había tenido problema alguno con nadie. Ni siquiera sabe el motivo por el que fue perseguida y acosada por una compañera.

COMENTARIO

 

Ante semejante estado de cosas pueden imaginarse de qué se queja la madre. En primer lugar, como es natural, de los daños que a su familia le ha ocasionado el acoso, insultos, agresiones... continuados de una menor de 15 años y de la pandilla que solía acompañarla (una cuadrilla de matones adolescentes), sin que nada ni nadie le pusiera coto. Pero también, y a continuación, se queja de la inoperancia total y absoluta del sistema, dado que ni el Equipo Directivo del Instituto, ni las denuncias en Comisaría, así como la Fiscalía han puesto término y coto a una práctica de “terrorismo” social ejercida desde la infancia por unos adolescentes que van así camino de convertirse en auténticos maltratadores adultos.

La medida coercitiva del mes de expulsión, junto a otras medidas de acompañamiento que no sabemos si se han adoptado (no nos olvidemos del coro jaleador de alumnos) tenían que haberse tomado el primer día. Al final ya no tuvieron ningún valor de reparación.

A esta familia no les ha ayudado el entorno institucional, ni tampoco el social, porque los vecinos han preferido mirar hacia otro lado, negando a sus hijas el contacto con las dos hermanas para que no se vieran envueltas en la acción de la menor y de su pandilla.

Pero hay más, cuando el 10 de Noviembre acudió la madre al Instituto y solicitó a la Jefa de Estudios un informe sobre los incidentes acaecidos, y que asistiera como testigo a un juicio por una demanda contra la agresora y su familia por los daños y perjuicios ocasionados, no sólo se encontró con su negativa a emitir cualquier informe que implicara a la agresora y asistir como testigos explicando que tenían miedo, “compréndalo”, sino que la misma Jefa de Estudios y el Profesor Tutor le aconsejaron que ya que se había ido a vivir a otra zona, retirara la denuncia porque si no lo hacía se iba a encontrar con mayores problemas. 

En la misma entrevista, algunos profesores y la Jefa de E. se preocuparon muchísimo de que se fuese pronto de allí para que no la viese la menor, con advertencias de que no permaneciese más tiempo en la zona de entrada y salida, tal es el grado de influencia y poder que sigue teniendo la alumna en cuestión. 

Cuál es la situación actual. Con respecto a la alumna agresora, parece que está un poco más tranquila. Y en cuanto a la familia afectada, sus miembros prácticamente hundidos, viviendo su particular exilio, sintiéndose abandonados de todos y reclamando justicia y derechos.

Y no hay derecho, decimos nosotros, a que la Consejería de Educación y Ciencia deje en la estacada a las dos niñas que hoy sobreviven huidas y escondidas como delincuentes, habiéndolo perdido todo, mientras la menor agresora y sus amigos permanecen incólumes y satisfechos de haber causado la destrucción y la huida de estas tres personas.

No vamos a decir aquí qué es lo que tenía que haber hecho la Consejería de Educación y Ciencia, porque es muy evidente, pero sí vamos a decirle lo que sí tiene que hacer ahora, y es poner a disposición de las menores todo el apoyo necesario desde el punto de vista de ayuda psicológica, pues no es de recibo que sigan teniendo que esperar en la lista de espera del sistema de Salud sufriendo ese shock que el médico les ha diagnosticado sin acabar de digerir todas las pesadillas, que una noche tras otra y un día tras otro todavía las persiguen.

No podemos aceptar, como nos dice la madre, que anden sus hijas mirando a un lado y a otro cuando salen a la calle temiendo que los agresores les caigan de nuevo encima.

Da pena y vergüenza que aquellos profesores o cargos de la Dirección del Instituto que han sido testigos se nieguen a emitir informes o a dar testimonio cuando se les pide, anteponiendo el interés de no ser molestados por la agresora y su familia, a los intereses de dos menores que no han salido aún de su pesadilla,  y de una familia que ha sido emocionalmente y económicamente destruida. En ese sentido, pedimos también a la Consejería que ponga orden y disponga que la Dirección del centro emita el informe que se le pide, o, en su caso, que lo emita propia Inspección Educativa.

También hay que cuestionar otros aspectos del sistema: La protección a las víctimas por parte de la Policía y del Ministerio Fiscal cuando son menores, pues en el caso que nos ocupa, nada de nada. Es más, según le ha dicho su abogado la Fiscalía probablemente archive porque no ha habido lesiones. ¿Es qué las lesiones emocionales que sufren no son evaluables a efectos de agresión?.

Creemos que la lucha por la erradicación de la violencia escolar tiene que adquirir el mismo nivel de importancia que ha adquirido para las instituciones la lucha contra la violencia a las mujeres, porque, si no, estaremos asistiendo a un imprudente ejercicio de hipocresía política y social, y permitiendo que muchos adolescentes vayan incrementando la nómina de adultos en su papel de agresores y de víctimas (el agresor aprende a serlo y la víctima también) mientras nos dedicamos a poner remedios y parches en la parte final del proceso.

FAMILIA – ESCUELA

 

Hay dos frentes donde los responsables políticos deberán dirigir sus esfuerzos: La Familia y la Escuela.

La primera, porque en las últimas décadas viene paulatinamente perdiendo su papel de unidad dispensadora de afectos y protección de los hijos, pues nos estamos ocupando más en poner puertas blindadas en las viviendas para que no entren los ladrones,  que en controlar todo tipo de mensajes, algunos de ellos muy negativos, que nos entran sin traba alguna por la televisión, videojuegos, Internet...  dejando a nuestros adolescentes que se muevan indefensos bajo el acoso desmesurado del consumo y las modas.

Y la segunda, porque con las últimas reformas educativas ha ido disminuyendo el papel fundamental de la figura del maestro, educador y transmisor de valores, dispersándose la atención de los alumnos en una multiplicidad de intervenciones docentes que impiden la necesaria comunicación y diálogo entre el maestro o  maestra con los alumnos, y un mejor conocimiento de los mismos. Aunque, sobre todo, y antes de nada, la postura de la Consejería tiene que cambiar y admitir que el fenómeno de la violencia escolar existe y que hay que ponerle coto cuanto antes.

 

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