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EL CONFIDENCIAL
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La destrucción española del Amazonas de la que nadie habla:
importamos en masa su soja
La escasez de hectáreas de
cultivo de soja en la península y las restricciones de la Unión Europea obligan
a comprar más de tres millones de toneladas anuales a Brasil
Cristina Suárez
31/08/2019

Joaquín Aniés trabaja como
agricultor en los campos del Alto Aragón. Como otros tantos labriegos, aprovecha
la riqueza de esta modernizada zona de regadío del norte de España para sacar el
máximo partido a sus tierras. Pero su caso es algo especial y diferente al del
resto: aunque pueda sonar raro a estas alturas, él es de los pocos agricultores
españoles que, con nuestro país importando este producto en máximos históricos, se
atreve a apostar por la soja.
Desde hace seis años, Joaquín es uno
de los pioneros de este tipo de oleaginosas que triunfan tanto en consumo humano
(quién no ha probado la leche de soja) como en consumo animal, además de en todo
el boyante mercado de lo orgánico. De las 96 hectáreas que dedica a este cultivo
(alternando su plantación con otra de cebada) saca alrededor de 336
toneladas de granos de soja que vende a unos 480 euros cada una. Pero
¿por qué si España está tan necesitada de soja, los empresarios no se animan en
masa con ella? El problema está bastante relacionado con la
deforestación del Amazonas.
Aunque las 336 toneladas de Aniés
son un buen número, la cantidad se queda muy atrás si se compara con los 3.300
millones que importa España cada año de todo el planeta y que tiene a Brasil
(y en especial a la zona Amazónica) como principal productor. De hecho, somos
el segundo importador de la Unión Europea, un dato muy relevante que se
explica con la experiencia del agricultor aragonés.
"Casi el 100% de mi producción se la
lleva el sector lácteo para todo tipo de bebidas de soja. Nos hemos centrado
mucho en la calidad que exigen estas compañías y los estándares europeos para
ofrecer un producto lo más óptimo posible", explica Joaquín, en conversación con
Teknautas. "Y no es que no queramos competir en la parte que va a los piensos
para animales, de hecho vendemos algo para ese fin, pero es que en ese apartadoes
imposible competir a día de hoy como agricultor español".
En el mapa español hay tan solo
1.600 hectáreas dedicadas al cultivo de la soja —según
los datos de las Naciones Unidas— mientras que en Brasil son más de 33
millones. Por si fuera poco, los agricultores españoles que de momento se animan
con la soja deciden centrar su producción en la alimentación humana de calidad y
producción ecológica, el único mercado de esta legumbre donde tienen capacidad
para competir. Mientras tanto, la soja brasileña representa más de la
mitad de la importación que España realiza cada año de esta oleaginosa.
La razón para esto es bastante
contundente tanto para Joaquín como para el resto de agricultores. "En
Europa está prohibida la plantación de soja transgénica y eso encarece
los costes de nuestros cultivos. Sin embargo, sí que se permite
su importación. En Brasil y en EEUU sí pueden cultivar este tipo de soja que es
resistente al glifosato es ahí donde radica la diferencia de precio: nuestras
toneladas salen por unos 480 euros y las suyas se mueven por los 360".
España, un cliente codiciado
Teniendo en cuenta que la
composición en proteína y aminoácidos de la soja la ha convertido en un
ingrediente de fuerte presencia en los piensos compuestos que se utilizan en la
ganadería, lo cierto es que España no puede vivir sin Brasil. Si
nuestro país alimenta de media a más de 50
millones de cabezas de ganado y la producción de soja española es residual,
la ecuación es fácil de resolver: la soja es un producto necesariamente
importado. "Para plantar la soja aquí haría falta inocular la semilla, lo que
incrementa mucho el precio. Sin embargo,
el 90% de la producción de soja de países como Brasil, Argentina o Estados
Unidos es transgénica", explica David Erice, miembro del Gabinete Técnico de
la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Y transgénico significa
barato.
Según los últimos datos recogidos enDatacomex por
el Ministerio de Comercio y analizados por El Confidencial, Brasil ha
llegado a significar hasta el 70% de la importación de soja en España. Fue
en 2012 cuando compramos a Brasil 2,3 millones de toneladas de soja, una
cifra muy lejana de las 417.000 importadas desde EEUU o las 237.000 de
Paraguay. Aunque actualmente Estados Unidos ya suponga más de un 30% de las
importaciones —hace siete años solo era un 12%—, Brasil se sigue llevando la
palma: en lo que llevamos de 2019, esta proporción ya ha alcanzado el 60%.
Y todo apunta a que va a seguir
creciendo. Inés Jordana, responsable de Agricultura y
Alimentación de SEO/Birdlife asegura que "la perspectiva de mercado más reciente
de la FAO y la OCDE, que intenta predecir
la expansión de cultivo y la exportación de soja en la próxima década,
calcula que Brasil seguirá siendo el mayor productor del mundo en 2028 con
más de 144 millones de toneladas, de los que casi dos tercios del volumen total
se destinan a la exportación".
No obstante, tras los incendios, las
predicciones deben cogerse con pinzas: algunos
países como Francia o
Irlanda ya han amenazado con bloquear el acuerdo con Mercosur por
los incendios en la Amazonía, un convenio que favorecía la exportación de
productos como la soja o el vacuno y que numerosas organizaciones
medioambientales pusieron en entredicho en aras de la deforestación:
"La cuestión que debería responderse ante crisis ambientales como la de la
Amazonía es cómo contribuye el modelo agroalimentario y nuestra dieta a la
transformación de hábitats naturales".
El granero de la soja brasileña
Vale, está claro que España compra
miles de millones de toneladas a Brasil, pero ¿qué impacto provocamos
nosotros sobre la Amazonía? Aunque la relación de los cultivos de soja
con los últimos incendios no queda del todo clara, sí que es están bastante
conectados con la deforestación de esta región. Según
el Ministerio de Medio Ambiente brasileño, la soja ocupa ilegalmente
43.000 hectáreas de bosque deforestado en la Amazonía y el número solo
ha hecho que aumentar. De 2017 a 2018 la cifra de tierras dedicadas a este
cultivo en la zona amazónica creció un 27%. Terrenos húmedos y ricos en agua que
tienen el clima perfecto para la producción en masa de la soja.
No hay datos definitivos sobre
cuánta de la cantidad de soja que importamos viene de la zona amazónica, pero
solo hace falta ver dónde están las principales plantaciones para encontrar la
relación. Mato Grosso, uno de los estados brasileños que tocan
con la selva en su interior, es el principal productor nacional de este cultivo
con 9.700.000 hectáreas dedicadas a la soja y una producción de 32 millones de
toneladas anuales, según
las estadísticas del laboratorio estatal brasileño Embrapa. Tras esta zona
vienen otros estados como Paraná (que no llega a tocar el Amazonas pero también
sufrió los últimos incendios), Río Grande do Sul y Goias. Entre estas regiones
agrupan más del 50% de la producción anual de soja en todo Brasil y solo Mato
Grosso tiene casi el 20% de la tierra que se dedica a la soja en Brasil.
La Ley Forestal
brasileña permite que el 20% de una propiedad pueda transformarse en cultivo
Varias universidades han estudiado ya los incendios en el
Amazonas, un fenómeno que, lejos de lo que pueda parecer, es bastante rutinario
en Brasil. Tal
y como publica la Universidad de Wageningen, los incendios en el Amazonas
ocurren cada año durante la estación seca, que comienza a partir de julio y
termina en noviembre. En la cuenca amazónica, después del fuego viene la
"limpieza" de parcelas, que consiste en eliminar todo rastro de
vegetación para crear nuevos campos de cultivo. Estas prácticas se conocen como
'queimadas', son practicadas por campesinos y no solo acaban con la vegetación,
sino con todo lo que hay bajo ella. Para recuperar lo que a día de hoy se está
quemando, habría
que cuidar minuciosamente la zona durante 15 o 20 años.
La Ley Forestal brasileña permite que el 20% de una propiedad pueda ser
transformada en terreno de cultivo, plantación y pasto. Los datos demuestran
que los incendios puntuales en la zona amazónica han sufrido un pico bastante
inusual este año. Tal y como demuestran las cifras del Instituto de
Investigación Espacial (INPE) analizadas por este periódico, entre enero y
agosto de 2019 los incendios detectados en la Amazonía han crecido un
95%, en comparación con el mismo periodo del año anterior. En los meses
de marzo y abril, fueron especialmente frecuentes: pasaron de 1.872 en 2018 a
5.085.
Soto lo resume en una frase: "Lo que antes era un problema de Gobierno,
Bolsonaro lo ha convertido en una desprotección absoluta"
En la Amazonía, tal y como explica Miguel
Soto, responsable de campañas de Greenpeace, "el tamaño de las
propiedades varía mucho: algunas dependen de pequeños agricultores y otras de
grandes terratenientes". "En las zonas llanas como las de El Cerrado y biomas
cercanos, es muy fácil quemar, quitar la madera y empezar a plantar". Esto,
junto a la falta de funcionarios que denuncia Soto, dificulta la vigilancia
sobre las explotaciones: "La capacidad de control es muy escasa. Existe
una ley, pero no se cumple por falta de gobernanza. En los pocos casos donde el
Ministerio Público consigue las pruebas, no se termina por llevar a los
responsables a la Justicia y tampoco se efectúa el pago de multas".
La 'Moratoria de la Soja', en el
recuerdo
A principios de siglo, la
preocupación por la Amazonía y el cultivo de la soja llevó a varios agricultores
y empresas brasileñas en el sector a negarse a comercializar con soja de origen
amazónico en un intento de reducir la deforestación. Con la ayuda de
organizaciones medioambientales —en especial Greenpeace—, la conocida como 'Moratoria
de la Soja' se hizo papel en julio de 2006 con la firma del Ministerio
de Medio Ambiente de Brasil. Pero, aunque el
porcentaje de deforestación de la Amazonía atribuido a la soja se redujo al
1,2%, los cultivos terminaron expandiéndose por zonas anteriormente usadas
como pasto, trasladando a los ganaderos a zonas arboladas. Bastaba con hacer una
'queimada' para empezar a cultivar
Junto a la creciente demanda y la fuerte presión del mercado de
la soja, las organizaciones medioambientales y parte de la poblacióninsisten en
que la política de Bolsonaro ha terminado de emborronar toda iniciativa de
protección de la Amazonía. Durante la campaña electoral, el presidente electo
hizo girar parte de su programa electoral alrededor de las regulaciones
medioambientales brasileñas, prometiendo aligerar las restricciones en zonas
donde proliferan estos cultivos, llegando hasta a plantear sacar a Brasil del
Acuerdo de París ofusionar los ministerios de Agricultura y Medio
Ambiente para cambiar las leyes relativas al cambio climático. Soto lo
resume en una frase: "Lo que antes era un problema de Gobierno, Bolsonaro
lo ha convertido en una desprotección absoluta".
Las organizaciones
medioambientales insisten en que cambiar nuestra dieta es primordial
De momento, Brasil
ha prohibido durante los próximos 60 días las quemas para la siembra con el
objetivo de frenar los incendios en el Amazonas. Pero, teniendo en cuenta
nuestra dependencia sobre la soja brasileña, ¿podemos hacer algo por cambiar la
situación? Tanto organizaciones medioambientales como la comunidad científica o
la propia Comisión Europea llevan tiempo insistiendo en que, si queremos empezar
a actuar localmente, lo primero que debemos hacer es cambiar nuestra
dieta.
Precisamente, la CE publicó variasrecomendaciones
para transformar nuestra alimentación en una más respetuosa con el medio
ambiente, apostando por el consumo de productos procedentes de ecosistemas agro-silvo-pastorales
con alta biodiversidad. Algunas organizaciones como SEO/Birdlife y otra
treintena de organizaciones han propuesto retos
como la 'semana sin carne' para concienciar a la población sobre la
influencia directa que la ganadería tiene sobre la biosfera.
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